“Ya no estoy escribiendo”, me dijo García Márquez

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Martín Moreno 18/04/2014 00:00
“Ya no estoy escribiendo”, me dijo García Márquez

NOTA: El siguiente texto fue publicado el sábado 25 de noviembre de 2006 en las páginas de Excélsior:

Guadalajara.- “No estoy escribiendo la segunda parte de mis memorias… no tengo la menor idea de cuándo lo haré”, dice a Excélsior Gabriel García Márquez.

“Ya, Gabo… vamos… apúrate”, le presiona Mercedes, la compañera de vida, de su vida, la de los días buenos y malos. Desde aquellas tardes de angustia que nubladas veían pasar las horas difíciles en las cuales las puertas de las editoriales se cerraban en las narices del joven escritor que con mil sueños regresaba a casa —en la Ciudad de México— para tirarse abatido en un viejo sillón. La misma compañera que de pie aplaudió cuando a García Márquez le dieron el Premio Nobel de Literatura.

-Yo escribo en Excélsior —le comenté después de saludarlo en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México—.

-¡Hombre… podría haberle pasado algo peor! —me respondió, irónico, García Márquez—.

-¿Y usted, maestro, va a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara?.

-Así es… ¿y usted?

-También. Voy a presentar el libro de Los periodistas, de Vicente Leñero.

-Pues eso está muy bueno.

Avanzamos entonces a través del gusano metálico que lleva al avión. Silencio. Él sabe que le voy a pedir una entrevista. Y yo sé que me la va a negar.

Vivir para contarla se llama el primer libro autobiográfico de Gabriel García Márquez. Inicia con el regreso a casa en tren. Arranca con cuentos maravillosos: la casa grande, la familia enorme, el toro que un buen día se suelta y arrincona al pequeño Gabriel quien, a unos cuantos centímetros, recibe la mirada inyectada de sangre del animal que le avisa que va por él. Pero no lo alcanza. Hábil, el niño se arremolina en un rincón y resollando, el toro sólo alcanza con su aliento a Gabito.

Y los inicios como reportero en El espectador de Bogotá, las noches bohemias y de poesía, sobrevivir con un puñado de monedas en el bolsillo, los primeros textos, la asonada en Bogotá y el primer gran reportaje, los sueños, los libros.

El Nobel de Literatura colombiano ha dicho que quiere escribir tres libros de sus memorias. El tiempo está encima. Los años no perdonan. Las fuerzas se van. García Márquez dejó de escribir un año.

Vivir para contarla. Así se llaman sus memorias.

“Vivir para intentarla”. Así se llama la vida de los reporteros.

-Déme una entrevista, maestro…

Gabo llega al primer asiento del avión —de primera clase, por supuesto—, y más que sonrisa, ofrece ahora una mueca al reportero.

Va respuesta:

-“Yo no doy entrevistas nunca…”.

Le estorbamos el paso a su esposa, Mercedes, quien con la mirada reclama su lugar.

-Lo veo bajando del avión, maestro…

García Márquez sólo se ríe y mueve la cabeza de lado a lado…

En el mismo vuelo va el escritor mexicano Carlos Fuentes, quien saluda cordial a Gabo. Emmanuel —el cantante y sueño de quinceañeras con Íntimamente, su mejor disco, aunque ya no quiera hablar de Quiero dormir cansado o de Esta triste guitarra— se transforma en repentino ayudante del Nobel y sube las maletas al compartimiento superior, justo encima de las cabezas del escritor y su esposa.

Sesenta y cinco minutos después aterrizamos en Guadalajara.

A zancadas trato de llegar al umbral de primera clase. Se avanza lento. Desesperante. Por un huequito llegamos al gusano metálico y corriendo alcanzo a García Márquez.

Nos ve a su lado. Sabe que vendrá otra pregunta. Ataja con una frase:

-Yo fui periodista 40 años, pero no doy entrevistas…

-Entonces me entenderá, maestro, que como periodista no puedo dejar de intentar entrevistarlo… un par de preguntas… ni una más…

Silencio.

Ahora es cuando.

-¿Cuándo saldrá la segunda parte de sus memorias?

-Cuando las escriba… —responde García Márquez—.

-¿Y cuándo las escribe?

-Yo no estoy escribiendo…

-Lo sabemos… ¿por qué ha dejado de escribir? ¿Cuándo leeremos la segunda parte de Vivir para contarla?

-Pues no tengo la menor idea… no estoy escribiendo.

-¡Vamos, Gabo —arenga Mercedes—.

-¿Y qué piensa de..?

“Ya no…”, suelta García Márquez y con un gesto nos dice que ha sido suficiente.

Se aleja del brazo de Mercedes.

De Vivir para contarla a vivir para intentarla…

*****

Jueves Santo. Mi hijo me dicta el texto para enviarlo lo más rápido posible a Excélsior. Afuera la tarde es un enorme rebozo gris que cubre a la ciudad. Un día triste este 17 de abril de 2014.

Hago un esfuerzo para no hablar y que se me quiebre la voz delante del chaval.

Y mayor esfuerzo para no soltar un par de lágrimas.

¡Salud, Gabo!

                Twitter: @_martinmoreno

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