La desconfianza en el otro

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Martín Espinosa 24/06/2014 00:49
La desconfianza en el otro

A mediados de este mes se dieron a conocer los resultados del Informe País sobre la Calidad de la Ciudadanía y resulta revelador el nivel de desconfianza que mostramos los mexicanos, no sólo con respecto de nuestras principales instituciones sino entre nosotros mismos. Siete de cada diez ciudadanos mexicanos sostienen que no se puede confiar en la mayoría de las personas; es decir, en el otro.

Y no es para menos. En los últimos tiempos la situación social de México no es para “echarnos a la hamaca” como coloquialmente se dice cuando algo no representa mayor problema. El nivel de desconfianza que actualmente rodea las relaciones sociales de los ciudadanos es directamente proporcional al nivel de inseguridad, en todos los órdenes, en el que ha vivido la población en los años más recientes. Si antes los mexicanos desconfiábamos de nuestras instituciones, ni qué decir de las gubernamentales, hoy el hecho de desconfiar de nosotros mismos lleva el problema a niveles alarmantes, en los que se gestan los “gérmenes” más devastadores de la unidad e identidad nacionales. Lo verdaderamente trascendente de este estudio es, precisamente, la erosión que en la última década ha sufrido la unidad nacional en torno de objetivos comunes que nos ayuden a salir de las recurrentes crisis en las que hemos estado inmersos los habitantes del país.

Independientemente del entorno mundial de inestabilidades tanto en lo social como en lo económico y político, la realidad nacional que se revela en este informe es el reflejo de cómo la ausencia del Estado en la “cosa pública” y en la vida de los ciudadanos nos ha llevado al deterioro del marco legal que debería regir la convivencia cotidiana, hoy lacerada por la inseguridad y el “fortalecimiento” cada vez mayor de grupos delincuenciales que se han “enquistado” en las raíces más profundas de la sociedad. La confianza en las instituciones es el cimiento de un Estado eficaz.

No en balde de 2010 a la fecha los mexicanos hemos ido perdiendo la confianza en aquellas organizaciones que, antaño, eran las más confiables: las iglesias, el Ejército, los maestros y los medios de comunicación. En términos generales todos tuvieron una caída en el Índice de Confianza de por los menos 15 puntos porcentuales. Sólo para comparar un dato: hace cuatro años, 59% de los encuestados confiaba en el gobierno federal. Hoy lo hace apenas 36%. Quizá los datos más relevantes tengan que ver, paradójicamente, con las policías. Resulta contradictorio que una sociedad ávida de seguridad, no encuentre en sus cuerpos encargados de proporcionársela la herramienta sólida para combatir a la delincuencia: hace cuatro años la gente encuestada que confiaba en la policía sumaba 36%. Hoy, apenas y suma 22 puntos porcentuales. Los peores, ya ni mencionarlos: los partidos políticos. Es obvio ¡por qué!

Y es que apenas 6.6 mexicanos de cada diez creen que las leyes se respetan poco o nada. Derivado de esto, 63% de la población que fue víctima de un delito decidió no hacer nada, o sea, denunciar el hecho, por considerar que hacerlo “no sirve de nada”.

Son muchos los factores que han contribuido a que la gente pierda la confianza en sí misma. Años y años de estancamiento, o peor aún, de retroceso en muchos aspectos de su vida cotidiana. Impunidad de la clase gobernante que, aunque cometan delitos, éstos nunca son castigados, y cuando son sancionados es por “venganza” política. Criminales que son dejados en libertad y que solamente algunos de ellos —muchas veces “capos” desconocidos— son detenidos porque el Estado ya no “aguantaba” la presión social. Deterioro en el nivel de vida de una clase media cada vez más inexistente y que cada día se siente más “asfixiada” por la situación económica.

En fin, una sociedad cada vez más “desconfiada” de todo y de todos como lo muestran los datos de la más reciente encuesta presentada por nuestro “flamante” y reformado Instituto Nacional Electoral.

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