El bullying o la violencia en casa

COMPARTIR 
Martín Espinosa 03/06/2014 02:24
El bullying o la violencia en casa

No hay nada nuevo bajo el sol: cuando en el seno de las familias (célula “base” de la sociedad, nos han dicho hasta el cansancio) se vive la desintegración y el abandono de los más “débiles” —los hijos o los abuelos—, cuando ya no existen la formación en valores ni la “transmisión” de los adultos hacia las nuevas generaciones de la bonhomía y el buen ser, cuando la colocación de límites hacia los hijos es desplazada por el mal entendido “respeto a sus derechos” (no porque no los tengan sino porque se mal interpreta la forma de aplicarlos), las consecuencias son fatales y de inmediato la sociedad misma lo resiente en su estructura más íntima; las relaciones de los niños en su entorno inmediato: los amigos y la escuela.

Una característica muy preocupante que hoy miramos al interior de las familias es el “trastocamiento” del esquema de autoridad tradicional que hasta hace unos años era la característica natural de la relación entre padres e hijos. Es decir: el vínculo de liderazgo de padres a hijos se invierte y los menores, a través de la manipulación, empiezan a “controlar” a sus padres.

En los últimos tiempos, en los que las redes sociales se han convertido en una caja de resonancia de lo bueno y malo que nos ocurre como sociedad, nos hemos enterado de innumerables casos de abuso y acoso escolar, cometidos por los propios niños en contra de sus compañeros.

Existe la falsa idea entre los políticos de que hacen falta más leyes para sancionar lo que comúnmente se conoce como acoso escolar. Es un fenómeno que se ha multiplicado en estos tiempos de confusión y violencia. Si algo no se puede erradicar desde el seno mismo de la sociedad hay que crear más leyes para poner un “muro” ante tales maneras del comportamiento humano. No se cae en la cuenta de que un Estado incapaz de brindar las mínimas condiciones de convivencia a la comunidad cae en un exceso de leyes que poco a poco la van asfixiando, hasta generar caos e incertidumbre entre los ciudadanos. No hay que ir muy lejos; lo estamos viendo.

Si alguien en México conoce a fondo esta problemática es Francisco  de  Zataráin, conflictólogo y presidente de la Fundación Contra el Bullying A. C., organismo que nació hace algunos años bajo la experiencia de alguien que durante su infancia sufrió violencia y acoso. Por lo menos desde hace tres años Francisco ha trabajado con casos que ya se advertían en las escuelas y que en su momento fueron motivo de preocupación de quienes se dedican al estudio de la sociedad.

Señala en uno de sus libros, Adiós al bullying, tácticas para protegerse del acoso, de Peacemakers Editores, que “el bullying es un proceso de agresión permanente que ocasiona graves consecuencias en la víctima y en el agresor”. Es decir, que en este problema social que se ha agudizado en los últimos años y que ha colocado a México en el primer lugar mundial a nivel de educación primaria y secundaria, según cifras recientes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), no es nada más el daño causado a la víctima; sino también el círculo vicioso en el que entra el agresor, quien con cada acto de violencia se daña a sí mismo, lo que provoca que cada vez se vuelva más difícil salir del problema.

“Después de experimentar un proceso de acoso, la víctima vive en constante dolor, tristeza, ansiedad, desesperanza y fracaso. Por su parte, el agresor se niega la posibilidad de enfrentar sus miedos y liberarse de ellos”.

No cabe la menor duda de que el origen del problema está en “la casa”, como sucede con otras clases del comportamiento social y que lesiona de igual manera a la sociedad en su conjunto, por lo que la solución no está en otro lado más que en el propio hogar. Y el Estado, en los últimos años, ha sido incapaz de ofrecer a los ciudadanos herramientas eficaces para “fortalecer” la estructura interna de las familias que hoy enfrentan toda clase de “agresiones”, desde económicas, morales y hasta de honestidad, cuando vemos que cada vez existen menos oportunidades para satisfacer las necesidades más básicas de una familia.

Las consecuencias saltan a la vista.

Comparte esta entrada

Comentarios

Lo que pasa en la red