Cómo perder una elección

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Martín Espinosa 20/05/2014 00:57
Cómo perder una elección

Por segunda vez en su corta carrera política el actuario por el ITAM, Ernesto Cordero, vuelve a perder una elección, ahora en la contienda interna que concluyó el domingo pasado. Vinculado abiertamente al calderonismo, que tanto daño le ha hecho a un partido de historia y tradición como lo es Acción Nacional, el exsecretario de Hacienda y senador de la República Cordero Arroyo ha cometido toda clase de pifias en eso de “hacer política”, todo un arte para quien desea “coronar” su actividad con el triunfo a la hora de “pedir” el voto de los ciudadanos.

Sin embargo, en el caso que nos ocupa han sido muchos los errores cometidos, como aquel cuando Cordero, siendo secretario de Hacienda (2011), afirmó que las familias mexicanas podíamos vivir con seis mil pesos mensuales y nos alcanzaba para un crédito de vivienda, otro para el coche y mandar a los hijos a una escuela privada. Esa declaración marcó su destino “político” y lo “desnudó” de cuerpo entero. Con esa falta de “sensibilidad” poco éxito se le podía augurar a quien busca “acercarse” a la gente, al pueblo.

Sin embargo, a pesar de ello, el entonces presidente Felipe Calderón se empecinó en que fuera el candidato presidencial del blanquiazul en la contienda interna con Josefina Vázquez Mota. La historia de esa elección ya la conocemos todos.

No contento con ese fracaso político el jefe del calderonismo lo siguió apoyando hasta convertirlo en Senador de la República, en donde comenzaron sus “diferencias” con el líder de su partido, el hoy reelecto Gustavo Madero. Primero, Madero Muñoz lo hizo coordinador de la bancada blanquiazul, recién iniciada la Legislatura, y luego un año después lo destituyó para poner en su lugar a Jorge Luis Preciado. Las acusaciones por el llamado Pacto por México que “oxigenó” a Madero, fueron el detonante de la decisión del chihuahuense. Impulsado por la pareja expresidencial, Cordero se lanza a la búsqueda de la dirigencia nacional del PAN en medio de una guerra de lodo y acusaciones mutuas en donde la constante fue la serie de corruptelas de ambos lados del panismo y acusaciones para deslindarse del partido en el poder, el PRI.

Hace unas horas, en su mensaje en el que reconoció su derrota, Cordero afirmó que: “Hemos luchado teniendo todo en contra. Los resultados que se han dado a conocer no nos favorecen. Tanto Oliva como un servidor sabemos que sólo la unidad nos dará la fuerza necesaria para enfrentar los próximos retos. No entraremos en una batalla legal porque lo que necesita nuestro partido es una batalla ética. El PAN tiene que volver a su esencia humanista y ciudadana, a su papel de oposición responsable y firme para construir el bien común de nuestra patria y volver a ser una alternativa para gobernar a México”.

Me pregunto si alguien con esa ineficiente capacidad política, mostrada por su falta de sensibilidad hacia los ciudadanos y su escasa preparación para la negociación y el debate, podrá ser “la punta de lanza” de una corriente que al interior del panismo sólo ha dejado divisiones y enconos. El grupo que representa al calderonismo no ata ni desata. Por ello es previsible que se mantenga al interior de Acción Nacional tras una serie de “negociaciones” que beneficiarán a ambos grupos. De eso no hay duda. La incógnita, tras la elección panista, primera en la que se abren los comicios a una “flaca” militancia partidista (218 mil miembros), es qué tanto podrá avanzar este partido rumbo a las elecciones intermedias de 2015 y las presidenciales de 2018 con los mismos grupos, cuyas prácticas lo llevaron a la debacle en 2012. Si el PAN tuviera que solicitar actualmente su registro por primera vez no lo conseguiría debido a que no cumpliría con las exigencias del Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales de 26% del padrón electoral nacional.

Así es de veleidosa la política mexicana. Así son de incongruentes los actuales partidos que conforman el panorama político del país.

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