No es “cacería de brujas”

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Martín Espinosa 25/03/2014 01:44
No es “cacería de brujas”

En México, cuando los gobernantes en turno investigan presuntos ilícitos cometidos por sus antecesores, siempre surgen los “grupos políticos” afines al investigado que argumentan “cacería de brujas”, para seguir gozando de la impunidad que les otorga el pertenecer a una clase social superior al resto de los ciudadanos. Y casi siempre les funciona, ya que nunca son detenidos los verdaderos responsables de los ilícitos. Siempre hay un “chivo expiatorio”.

Es lo que sucede hoy día con los dimes y diretes alrededor de la fallida Línea 12 del Metro de la Ciudad de México, cuya operación se ha tenido que acotar a únicamente ocho de las 20 estaciones con que cuenta.

Es como cuando usted, estimado lector, llega a cualquier sucursal de los llamados “grandes” bancos del país y de las 30 ventanillas que tiene la institución, sólo funcionan tres; signo de que algo no camina. Ahora la nueva línea está reducida a su mínima expresión; signo de que algo no estuvo bien.

Y es que, precisamente, en cuanto la actual administración del gobierno del DF determinó —con las pruebas técnicas en la mano— suspender el servicio en 12 estaciones del tramo elevado de la nueva línea del Metro y comenzar a investigar la “magna obra” del sexenio de Marcelo Ebrard, algunos de los “corifeos” del exjefe de Gobierno comenzaron a “filtrar” por diversos medios la especie de que todo se trata de una “venganza” política debido a sus intenciones de encabezar la candidatura presidencial del PRD para 2018 de cara a la renovación de su dirigencia.

Nada más falso, sobre todo cuando existen innumerables pruebas ya presentadas desde hace varios días a la opinión pública de que la Línea 12 fue construida sobre un cúmulo de irregularidades técnicas y financieras, como ese arrendamiento millonario de los trenes que le dan servicio a lo que queda del público que la utiliza en las ocho estaciones restantes, recursos que, obviamente, no salen de la bolsa del anterior jefe de gobierno ni del actual, sino del dinero que todos le ponemos al Metro por diversas vías.

Es de “pena ajena” ver a esos políticos que antaño se ufanaban de su “honestidad” hoy convertidos en verdaderos “depredadores sociales” cuyos gastos corren a cargo de los ciudadanos, ya que la renta de espaciosas oficinas, el pago a decenas de ayudantes, los viajes por todo el país y el extranjero y el mantenimiento de costosas “fundaciones” no sale de lo que devengaron como salario durante su “vida” de “servidores públicos”, sino del dinero acumulado de manera fraudulenta, producto —entre otras cosas— de las famosas “comisiones” que exigen cada que hay que hacer una obra para dizque beneficiar a los “más  pobres”.

Hoy, que todo mundo se “deslinda” del escándalo provocado por la construcción de esa nueva línea del Metro, urge que la autoridad actual actúe sin tratar de quedar bien con nadie y que de verdad se finquen responsabilidades en aquellos que no porque ya no estén en algún cargo de responsabilidad en el gobierno piensen que nadie los va a “tocar”, como casi siempre ha sucedido.

Seguramente, con el paso de los días y semanas el asunto pasará a un segundo o tercer planos, pero lo cierto es que la falta del servicio, principalmente en la zona oriente de la capital del país, una de las más deprimidas económicamente del DF, y que afecta a más de 400 mil personas todos los días, nos deberá recordar la deuda que la anterior administración tiene con los habitantes de más bajos recursos. Por eso lastima que esos mismos gobernantes en deuda busquen utilizar sus puestos en la administración como “trampolín” para seguir viviendo de los ciudadanos agraviados por las acciones de esos mismos políticos sin escrúpulos.

Ahí quedan esos puentes y la malograda infraestructura de la Línea 12 como símbolo de la ineficiencia y corrupción de un gobierno que hoy argumenta “venganza” cuando en realidad es el resultado de la forma en que se benefició a costa del erario.

Hoy el problema es mayúsculo para quienes tendrán que resolverlo a la brevedad.

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