Los otros cárteles mexicanos

COMPARTIR 
Martín Espinosa 25/02/2014 01:23
Los otros cárteles mexicanos

Mucho se ha hablado —y documentado— de los cárteles de las drogas que durante décadas han “dominado” el territorio nacional hasta convertir amplios espacios del país en “tierra de nadie” y ante el fracaso de los gobiernos estatales y municipales para detenerlos. No sería posible entender su expansión y fortalecimiento sin la “protección” del Estado que a través de altos o medianos funcionarios les han proporcionado “cobijo” e impunidad para poder extenderse no sólo a lo largo y ancho del país sino más allá de nuestras fronteras, como exitosos exportadores de estupefacientes, principalmente hacia Estados Unidos.

Y con este tipo de delitos han proliferado otros como la trata de personas y el robo de automóviles que de igual manera “gozan” de la protección de malos funcionarios que han traicionado a la patria coludiéndose con los delincuentes.

Un botón de muestra es el caso de algunos vehículos robados que hasta hace algunos años salieron del territorio nacional a través de nuestros puertos. Alguna vez pudimos comprobar que los coches robados en el DF aparecieron en otros continentes como Asia o Europa. Hasta ahí llega el “poderío” de nuestros criminales, como en su momento lo documentó Mario Crosswell Arenas, director de la Oficina Coordinadora de Riesgos Asegurados (OCRA) dependiente de la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros.

Sin embargo, esos nos son los únicos cárteles que existen en nuestro país. Los más letales son aquellos que, silenciosos, operan desde la “oscuridad” —los sótanos— de las estructuras institucionales y gubernamentales y que se han dedicado a “saquear” los recursos que son de todos y que, al igual que en la delincuencia tradicional, gozan de la “protección” de gobiernos y políticos que se coluden con ellos para seguir delinquiendo. Ejemplos sobran. Desde líderes sindicales hasta empresas públicas y privadas que medran con el dinero público y que se convierten en verdaderas “máquinas” de hacer dinero para beneficio de unos cuantos que se enriquecen ilícitamente. En los últimos años se ha incrementado, por ejemplo, el número de tomas clandestinas que se “abren” en algunos tramos de la red de ductos de combustible de Pemex. Cuando ocurre alguna explosión, producto del pillaje en la “ordeña” de tuberías, entonces salen a la luz los ilícitos que cometen bandas perfectamente organizadas, desde adentro y desde a fuera de la paraestatal. Con el tiempo, el problema se vuelve a olvidar. Pero no por ello desaparecen las irregularidades.

Ya lo argumentaron los técnicos en la materia: para que se pueda “instalar” una toma clandestina en un ducto de petróleo se requiere del “apoyo” técnico de quienes operan las instalaciones petroleras para saber a qué hora baja la presión de los tubos y poder perforarlos sin tanto riesgo. Pero al igual que en la elaboración de los productos pirata, pocas veces se detiene a las “cabezas” de esas mafias.

Da la impresión que detrás del delito de la “ordeña” clandestina en la red de ductos de Pemex existen organizaciones “poderosas” que se han “enquistado” desde hace muchos años en áreas “estratégicas” del sector energético, el cual incluso “tolera” la colocación del hidrocarburo robado en el mercado formal de los combustibles.

Hoy que se habla del “golpe certero” al crimen organizado que significó la reaprehensión de Joaquín Guzmán, sería bueno que el gobierno actual también combatiera a quienes forman parte de los otros “cárteles” que han saqueado al país, coludidos con un sistema político añejo, del que los mexicanos hemos padecido sus consecuencias materializadas en rezago social y pobreza, principales ingredientes que —junto con la crisis económica que ha vivido el mundo en los últimos años— han propiciado violencia en regiones enteras del país.

No sólo es cuestión de combatir a los criminales identificados con el “mundo” de las drogas. Hay que actuar contra quienes de muchas otras formas violentan a la sociedad y provocan mayor desigualdad en todos los sentidos. Y de esos, muchos están en las calles sin que nada ni nadie los moleste. A esos también hay que perseguir para poder decir que vivimos en un Estado de derecho.

Comparte esta entrada

Comentarios

Lo que pasa en la red