Complicidad y corrupción

COMPARTIR 
Martín Espinosa 04/02/2014 01:36
Complicidad  y corrupción

No se entiende el surgimiento y fortalecimiento de los poderosos grupos delictivos que en los últimos años han asolado a los mexicanos sin la complicidad y la “tolerancia” de las autoridades que han permitido que esos cárteles crezcan y se “desenvuelvan” entre la impunidad y la indiferencia gubernamental. Para ello, un botón de muestra: sólo en 2013 Pemex detectó poco más de dos mil 614 tomas clandestinas de combustible a lo largo de 37 mil 651 kilómetros de ductos que diariamente son “ordeñados” por las bandas delictivas (El Universal, 03-02-14).

¿Cómo entender estos hechos sin la complicidad de las autoridades encargadas de vigilar, prevenir y sancionar delitos que nos afectan a todos los mexicanos? Lo mismo nos pasó en el tema del secuestro, uno de los delitos que desde 1997 ha “obligado” a las últimas cuatro administraciones federales a “echar andar” igual número de estrategias contra ese delito, tres de las cuales fracasaron rotundamente. Sin el “apoyo” de las corporaciones policiacas, cuyos malos elementos “colaboraron” a engrosar las filas de secuestradores, no se entendería el crecimiento inusitado del crimen organizado en los últimos 15 años.

Recientemente, el gobierno de Enrique Peña Nieto anunció la puesta en marcha de otra estrategia nacional contra el secuestro y nombró al abogado Renato Sales Heredia como el comisionado de la nueva oficina encargada de combatirlo. Sobra decir todo lo que  “ha encontrado” el político al iniciar una profunda revisión de aquellas “instituciones” que fueron creadas en el pasado por otros funcionarios que hoy ya no están en la administración pública, algunos de los cuales “brincaron” a legisladores o a otros gobiernos estatales, sin que nadie les pida cuentas de su pésima actuación como “servidores” públicos.

Dice Sales Heredia que encontró las Unidades Antisecuestro de los estados “desmanteladas”, algunas de ellas sin techo ni peritos. Hay oficinas que ni muebles tienen: sólo un escritorio y puras cajas. “Hay algunas que tienen hasta techo de lámina... es verdaderamente lamentable”, sentencia. Y lo peor es que nadie es responsable, lo que alimenta el clima de impunidad en que se mueven los criminales. Esa también es otra forma en la que el Estado se ha vuelto cómplice de los delincuentes. ¡Y luego hay quien se atreve a criticar el surgimiento de líderes sociales que han creado organismos independientes para exigirle al gobierno que cumpla con su obligación de garantizarle a los ciudadanos el derecho a la seguridad, tanto de su integridad física como de su patrimonio!

“No se puede —dicen— sustituir a las instituciones con ciudadanos inexpertos, que no están preparados ni cuentan con reconocimiento constitucional para ocupar el lugar que al gobierno le corresponde”. Es verdad, pero no se dan cuenta que la legalidad se perdió desde que los gobiernos se han coludido y se han vuelto cómplices de los criminales y han permitido la descomposición institucional, como hoy lo constata y denuncia el nuevo coordinador antisecuestro, Sales Heredia.

Desde hace varios años el ejercicio del poder se pervirtió con la cooptación de grupos que a diario se han dedicado a violar la ley y las normas que los propios ciudadanos nos hemos dado para una convivencia social en orden y en paz. No es posible que los gobiernos “apapachen” a todos aquellos que viven en la ilegalidad y se dediquen “a perseguir” a quienes se esfuerzan todos los días a trabajar dentro del marco legal que debe prevalecer en cualquier sociedad civilizada.

Ejemplos sobran. No es posible darle incentivos a quienes se salieron del marco legal por las razones que fueran, porque al rato el fenómeno se le va a revertir al país como ya está sucediendo en varias regiones del territorio nacional. En la aplicación de la ley no debe haber excepciones, pero tal parece que muchas disposiciones legales se hicieron para “negociar” con ellas a cambio de beneficios políticos para ciertos grupos de presión, como también lo hemos visto.

El caso es que la complicidad de quienes están obligados, por mandato ciudadano y de ley, a hacer que se respeten las reglas, con aquellos que las transgreden se ha vuelto abono para que la corrupción dé al traste con los esfuerzos de la sociedad y el propio gobierno para erradicar los males que hoy nos aquejan. Ojalá que en esta ocasión no pase lo mismo.

Comparte esta entrada

Comentarios

Lo que pasa en la red