Coma frutas y verduras

Las expectativas de reformas estructurales han reordenado la posición de México en el mundo.

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Mario Melgar 03/12/2013 00:00
Coma frutas y verduras

La debatida estrategia de no comunicar, como lo hacía el gobierno anterior, los pormenores de la violencia y el narco, empieza a rendir frutos, al menos en el escenario global. Durante el gobierno de Calderón se habló de México como el campo de batalla en la guerra contra el crimen. En lo que va del sexenio las expectativas de reformas estructurales han reordenado la posición de México en el mundo. De hecho existe la convicción internacional de que el país llegará a reformar sus estructuras para entrar efectivamente a la modernidad.  Hay un clima de expectación y confianza al que seguirá, de resultar exitosos los acuerdos reformistas, un caudal de inversiones extranjeras. 

Desafortunadamente todo indica que el crimen y la violencia seguirán avanzando.  Michoacán, Guerrero y Tamaulipas siguen en la ruta del desgobierno. El Distrito Federal, que se había convertido en un bastión de seguridad y no violencia (bueno, menos), regresó a los malos hábitos. 

Se demuestra que casi todos llegan a su nivel de incompetencia: Miguel Ángel  Mancera, un extraordinario procurador general, por ello un avasallador candidato triunfador, se convirtió en un balbuceante jefe de Gobierno, empequeñecido ante el crecimiento de problemas que crispan ya a los capitalinos. Si México es más grande que sus problemas, como decía antes el slogan del PRI, los problemas del DF son más grandes que Mancera.

Una faceta de la reciente reforma fiscal, tan denostada internamente, se recibió como ejemplo para otros países. Los impuestos a los alimentos chatarra y a los refrescos se empieza a ver como modelo para países con mayor desarrollo que el nuestro y con problemas similares de obesidad y malos hábitos alimenticios. Mark Bittman, un periodista estadunidense especializado en asuntos de salud pública relacionados con la alimentación (una especie de Rafael Álvarez Cordero de The New York Times) dedicó su colaboración del domingo a los impuestos mexicanos: un peso por litro de bebidas endulzadas con azúcar y 8% a comida chatarra. 

En Estados Unidos, los expertos en alimentación pública han propuesto un impuesto a las bebidas endulzadas con azúcar o miel de maíz con alto contenido de fructosa. Otros, de plano, impulsan un impuesto exorbitante para contrarrestar el consumo exorbitante de refrescos. Así como México fue el impulsor de las cervezas “cahuama”, ahora tan socorridas en Estados Unidos, iniciaron la venta de “cocotas” de litro o más. Se estima que 7% de las calorías de la dieta estadunidense deriva de refrescos.

Francia, que no tiene problemas de obesidad, inició con éxito la implantación de un impuesto a bebidas azucaradas y su consumo ha disminuido.

Bittman considera que Estados Unidos tiene ahora un buen laboratorio en México, su vecino, pues, a pesar, dice el periodista, de que muchos estadunidenses ven al nuestro como un país “atrasado”, en este campo llevamos la delantera. La administración de Obama y los esfuerzos de su esposa Michelle han sido meramente mediáticos. No se atrevieron, como lo hizo Peña Nieto, a molestar a los grandes industriales de la droga alimentaria: papitas y chescos.

Estos impuestos van a ser curiosamente populares, pues a quienes no les queda otra que comer los gansitos y las cocacolas, aborrecen a los industriales que las producen. Es evidente que lucran con un sistema de infraestructura sanitaria estancado en el siglo pasado. Más peligroso que beber agua de la Bahía de Acapulco, casi un acto suicida, sería tomar agua de la llave en Acapulco o en cualquier lugar de México.

Todos saben que buena parte del consumo de refrescos es debido a la imbebible “agua potable” del país. Si la renta de estos impuestos se destina, como se ha ofrecido, a ofrecer agua potable en todas las escuelas, se habrá dado un paso tanto o más importante que tener en la cárcel a Elba Esther o hasta alcanzar la, anhelada por unos y vituperada por otros, reforma energética. 

Si los maestros de la CNTE enarbolaran la bandera del agua potable para sus escuelas, en lugar de verlos como el odiado enemigo público número uno, se convertirían en verdaderos maestros y líderes.

Ahora si que a comer frutas y verduras.

Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.

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