La niñez y el sentido de la urgencia

Deberíamos iniciar este 2014 reflexionando cuál es el compromiso que tenemos como país res-pecto de la niñez, pero, sobre todo, en relación con los más pequeños.

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Mario Luis Fuentes 06/01/2014 00:40
La niñez y el sentido de la urgencia

Hay ámbitos de lo humano que se sitúan en lo imposible de ser expresado. Por ejemplo, el dolor de la pérdida, cuando se trata de una niña o un niño, es absoluto, porque el vacío que se genera es sin duda también absoluto. No hay palabras, no hay cercanías que alcancen para generar consuelo; mucho menos resignación.

Por esta razón, que se ubica en el terreno de lo profundamente humano, es que deberíamos iniciar este 2014 reflexionando cuál es el compromiso que tenemos como país respecto de la niñez, pero, sobre todo, en relación con las niñas y niños más pequeños; y, más aún, de aquellos que enfrentan situaciones particulares de vulnerabilidad.

Los datos del INEGI muestran que en el periodo que va del 2003 al 2012, han fallecido, como promedio anual, 30 mil 500 niñas y niños antes de cumplir su primer año de vida. La mayoría de estas defunciones se deben a malformaciones congénitas y a afecciones originadas en el periodo perinatal, las cuales son muy difíciles de atender y de curar.

No obstante, hay una cantidad injustificable, desde el punto de vista que sea abordado, que se generan en infecciones que podrían haberse prevenido o por complicaciones que debieron evitarse, pues existen en el país los recursos suficientes para hacerlo.

Por ejemplo, en el periodo señalado del 2003 al 2012, fallecieron, como promedio anual, dos mil 772 niñas y niños por afecciones respiratorias, las cuales, en todos los casos, no debieron llevar a la muerte a ninguna niña o niño.

Paralelamente, el mismo INEGI reporta un promedio anual de mil 583 defunciones por enfermedades infecciosas y parasitarias; peor aún, y de manera sumamente preocupante, hay un promedio anual de mil 208 defunciones por causas externas de mortalidad, es decir, mayoritariamente por accidentes, pero también por homicidio, lo cual es inaceptable, pues evidencia un país que se preocupa poco por la prevención de los accidentes y por la erradicación de la violencia en contra de la niñez.

Finalmente se encuentra el dato de las muertes por enfermedades endócrinas, metabólicas y nutricionales, de las cuales, cerca de 90% se deben a problemas de malnutrición; en este marco, el promedio de 741 decesos anuales por estas causas, en los últimos diez años, resulta poco menos que inaceptable.

Como puede verse, cada año habría, en promedio, alrededor de seis mil defunciones de niñas y niños que pierden la vida antes de cumplir su primer año por causas en exceso evitables.

Este solo dato debería movilizar a todas las instituciones del Estado para cumplir con el mandato constitucional de garantizar el principio del interés superior de la niñez e invertir hasta el máximo de los recursos disponibles, todo lo necesario para evitar más de estas muertes que en ningún caso debieron ser y que no deben seguir ocurriendo.

La urgencia de cumplir con los derechos de las niñas y los niños, y en particular de prevenir más muertes en exceso evitables, debe asumirse al mismo o incluso con mayor nivel que la implementación de las reformas económicas y políticas construidas el año pasado; porque no hay duda de que si hay un imperativo ético en este 2014, éste debería ser el construir un país justo e incluyente, capaz de convertirse en un lugar que sea en todo tiempo apropiado para la niñez.

                *Director del CEIDAS, A.C.

                Twitter: @ML_fuentes

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