Villamelones: ¡mañana ganamos!

Me acuerdo que en El Día, mis compañeros formaban las sillas frente a una tele para gritar desaforadamente a Pelé...

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María Luisa Mendoza 28/06/2014 01:02
Villamelones: ¡mañana ganamos!

Pierdo mucho el tiempo leyendo crónicas deportivas como si fuera una aficionada común y corriente. Lo que ocurre es que, a estas alturas de la vida, todo lo ocurrido u ocurriendo me es de absoluto interés... cada día estoy más avocada al asunto de existir... no veo partidos de nada ni voy ni los entiendo, cualquier juego me aburre, ni hablar de los “de mesa”... no conozco la baraja ni los dados ni esos trocitos blanco y negro que soban y paran en las mesas resbaladizas de los hoteles los pobres vendedores, ahora sí, ambulantes, de pueblo en pueblo, y si no laboran, de cantina en cantina. En mi tierra decían que los gendarmes las noches libres se iban a buscar su poste para orinar. Por eso me conmueven tanto los entercados y sapientes hinchas o como se denominen en cada especialidad. Nada más de pensar en ir a torcerme el cuello mirando una batalla de tenistas se me enchina el cuerpo. De niña mis primas jugaban beisbol todos los sábados y yo me quedaba en la azotea de la casa leyendo y mordiendo membrillos verdes con sal y limón. No entiendo nada, me distraigo, grito hurras al tanteómetro, pero si es México el firmante del partido, y es internacional, en primera fila su escribana. Me acuerdo que en El Día, mis compañeros formaban las sillas de los escritorios frente a una tele milagrosa para gritar desaforadamente a Pelé... yo llegué corriendo, como acostumbro, y me resbalé en el piso mojado y me di un sopapo terrible y perdí el conocimiento. Mis colegas me levantaron entre risas y terrores. Creo que allí empezó mi despajaramiento, ese azoro característico mío ante algo atractivo a morir. De allí mi idiotez crónica, a veces encantadora, y que tantos enemigos me ha valido. Todo esto para confesar mi alma presa ante la tele, sola como loca y con mis perros poco futboleros, y la forma absurda de no hacer nada más que tratar de llegar viva al ¡gol!, que vocifero en el balcón para ver si alguien me hace caso. Todo esto para explicar mi angustia con los niños migrantes en gringolandia y la necesidad de incrementar la educación de padres, madres y similares, a fuer de enseñar a los hijos que, siendo pobres y todo, se puede vivir una vida hermosa como la nuestra, con comida diaria y sin malos tratos, injurias y esos cinturonazos atroces contra la espalda de las criaturas... me voy, dicen, o lo peor (¿lo peor?), a suicidarme... Quienes saben el idioma de los juicios, los oficialismos, las leyes, etcétera, ya nos dirán el formidable, colosal problema con el que se enfrenta nuestra patria... y nosotros viendo futbol... o hacer hoy, en vísperas de ganar en Brasil contra quien sea, hacer un deseo hondo, desgarrado, por la memoria de mi hermanito muerto, el doctor Manuel Mendoza Romero, El Códice, quien dio la vida por la medicina ganando honradamente su pan, cobrando pocos honorarios, y habría que haber visto su entierro con padres, hijos y nietos, que él curó gratuitamente.

                *Escritora y periodista

                marialuisachinamendoza@yahoo.es

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