El Efraín Huerta de mi corazón

Caminó con toda su inteligencia en llamas y, siendo quien fue, por el humilde y cavernoso ca-mino del periodismo.

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María Luisa Mendoza 21/06/2014 00:53
El Efraín Huerta de mi corazón

No sé cuáles sean las tormentas que guíen a mis compañeros de artículos para escribir, bueno, desde escoger los temas a tratar semanalmente… yo apunto, recorto, memorizo, y al llegar el momento de la verdad francamente me quedo en blanco, no porque los asuntos falten sino por el horror representado en cada uno de ellos. Entonces regreso a mi afán primero que, en este caso es Efraín Huerta, con quien pasé algunos años discutiendo —es un decir— películas, directores, actores y toda la preciosa parafernalia alrededor de tan contemporánea ciencia, arte, vicio o como usted quiera llamarle del cine.  Él era un todavía joven guanajuatense, pero sobre todo un poeta dedicado tenazmente a ver películas como todos los reunidos en Pecime, para dar premios anuales y principalmente escoger los films que íbamos a exhibir en el cineclub de nuestra responsabilidad y los cuales presentábamos semanalmente cada uno de nosotros. Me acuerdo que Nancy Cárdenas y yo éramos las únicas muchachas del grupo, y los demás viejecitos españoles y varios mexicanos enloquecidos por la maravilla de la industria que a nosotros nos preocupaba sólo como arte contemporáneo. Martín Luis Guzmán, el nieto del grandísimo, era mi compañero absoluto y con él discutía y determinaba los gustos parejos, suyo y mío. El cercano, por supuesto, fue Efraín quien a mí me parecía como un pariente de Silao, cercano, familiar, muy ilustrado y nada tímido. Era más guapo que tal como hoy lo publican en fotos y caricaturas, brillante, pero no empalagoso, gentil mas no garigoleado, encantador, suave y tratable. Siempre estábamos de acuerdo. Conozco a sus hijos y debería quererlos tanto como lo amamos a él, pero la vida nos ha dividido. Hoy han sido echados al vuelo homenajes en su honor, así como él dijo de mí que les echaba el pial por mi parte contumaz a las palabras. Su obra para ganarse la hogaza me parece formidable… caminó con toda su inteligencia en llamas y, siendo quien fue, por el humilde y cavernoso camino del periodismo, apartando aunque fuera por un tiempo, su precioso don  de creador originalísimo y único. Asimismo, es de señalar que Efraín nunca dejó de lado el sentido del humor que traemos los guanajuatenses de herencia, igual que jamás mostróse pomposo o presumido como muchos que yo me sé. Tengo la seguridad que él entendería este “dolor de muelas” que cargo  “en el corazón”. Sus poemínimos son adorables, su obra toda de primera línea, trabajada en el esfuerzo desdichado de picar las piedras de nosotros los concurrentes a los periódicos porque esa es nuestra vida, es decir que no sólo nos conformamos con perder las horas del día en leerlos sino además, los hacemos… yo no puedo imaginarme mi vida desde la adolescencia sin ir a las redacciones a entregar los artículos, luego a recibir las órdenes, a cumplir con las guardias nunca bien atinadas  y a ir fincando el destino propio entre el ruidajal de las  máquinas de escribir de entonces, los gritos de los compañeros, los timbres de los teléfonos y la maravilla que era el signo de nuestra juventud temblando todos por sobresalir, ganar la nota siempre, en primera instancia, ser amorosamente queridos, y de eso Efraín y yo hablábamos largo y tendido antes de estremecernos con la noticia que había llegado… lo extraño.

                *Escritora y periodista

                marialuisachinamendoza@yahoo.es

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