Amo tanto la vida que creo que me voy a morir

En estos días, las noticias de lo ocurrido en el mundo me avasallan... no me dan tiempo de escribir.

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María Luisa Mendoza 14/06/2014 01:26
Amo tanto la vida que creo que me voy a morir

Alguna vez en teatro, dirigida por Héctor Azar, Susana Dosamantes, apenas debutando en la escena, hermosa como ella sola, en un parlamento largo me conmovió hasta las lágrimas al terminarlo exclamando “¡La Vida!”… será porque he estado muy abrazada con fuerzas por la presencia de los finales propios y ajenos… no olvido a Jacques Bellefroid    el esposo de Vilma Fuentes (quien como Gardel cada día canta mejor), y a la mortandad de mis cuates a quienes se les ocurre morirse a la menor provocación al grito de enchílame otra…Jacques me insta a jamás hablar de ese asunto tenebroso siempre bailándonos alrededor sin siquiera preguntarnos si ya nos cansamos o no… La vida ha sido conmigo muy generosa, frutal y óptima… me ha dado a manos llenas de amor lo imaginado ¿qué digo? París, la Cámara de Diputados, los nombres y las plazas de los pueblos de mi estado entregándome al delirio de la nostalgia y al placer agridulce —como los chamois— del recuerdo de mi padre entregado a la política desde el mero ombligo celayense, acambarense, salvaterrence, y recorrerlo saboreando las letras en un albotozo, insisto, inmerecido… me ha dado los libros y dicha de leerlos… la memoria, esa de los recuerdos y tal vez por culpa de ella mis enamoramientos súbitos… los de correr velozmente (como Queta Vadillo), pero sólo para estrellarme doliente contra una eterna barda que no veo, no veo.  Hoy, en estos días, las noticias de lo ocurrido en el mundo me avasallan… no me dan tiempo de escribir esas memorias mendocinas ya tan viejas como los códices; a mi hermanito Manuel le decían Códice con amor y a Eduardo Césarman le consta allá arriba donde se han de estar echando tequilitas invitando a fuerzas a mi amado Héctor Azar (cuyo único defecto era su abstención invariable). Como ven ya me hice bolas… quiero hablar del viaje a España y la saudade que me entró por los palacios y los jamones, y también del futbol que ni me gusta ni lo entiendo, pero cuando es internacional y juegan los ratoncitos a nombre de México (igual que los falsos valores que nos representan en las lides literarias y nosotros aquí envejeciendo sin que nadie nos pele) parezco la gritona mayor de los nacos del estadio… o cantar loas, arrodillada, por la ilusa esperanza que habrá de acabar, de la expulsión de los animales en la fiesta circense que tanto me ha hecho sufrir. Yo sé la historia de la doma de elefantes que dura años torturadores, aunque hayan agitado de amor mi corazón los diez elefantotes desfilando por la calle curva en Viena una mañana de nieve y ficticia felicidad, o la fila de osos, desde el abuelo mayor, el papá, el hijo, los hijitititos y yo en la admirancia sentada en las gradas del circo de cemento de Moscú, cuando Dios fue grande y fui de enviada especial de mi periódico… Quería al fin escribir sobre la fiesta mayor de la lectura ante el libro maravilloso reporteado y escrito por mi adorada Yolanda Contla y llamado ¡qué alborozo!: ¡Ahí va el Golpe! Una investigación formidable sobre el corazón del primer cuadro, cuando era sólo el Centro y el juego de espejos de Tepito y sus tiendas de Aladino. Y así se me va el espacio que no ¡la vida! ni la bondad de usted que me lee.

                *Escritora y periodista

                marialuisachinamendoza@yahoo.es

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