No me acuerdo…

Recorrí un poco la vereda de la muerte que nos ha tocado recorrer en estos últimos días.

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María Luisa Mendoza 03/05/2014 01:53
No me acuerdo…

A mí lo que me da miedo es ir perdiendo la memoria como Gabo. No hay detenedera para no caer en ese vacío de no reconocer a tu hermana cuando, claro está, ella en sus cinco sentidos tampoco lo haría… pero no se trata de echar culpas sino de analizar los actos en la vida diaria. Por ejemplo cuando escribo, olvido una palabra esencial en mi relato, ya sea de fruta como capulín o de persona como Plascencia, de amiga de la infancia que vivía enfrente de tu casa, junto a la del doctor Fernández y debajo de la de tu prima Luchytey…o los nombres de las señoritas Ezcurdia que hacían los trajes más suntuosos para las niñas de mi niñez. Imposible, nadie se acuerda y tienes que dejar un hueco en el relato para proseguir con la prisa que el periodismo te exige. Por ejemplo anteayer publiqué una columna que había olvidado… me pasé el día aterrada de no haberla hecho y cuando salió en el periódico que Dios bendiga es el mío, me asusté de veras porque la había borrado totalmente de mi cabeza. El horror. Tengo un amigo que hace los mismos ejercicios que yo para no caer en ese pozo de lo que antes era la vejez simplemente… tratar de recordar durante las 24 horas del día la palabra perdida… una vez estaba dando una conferencia y le vino a la memoria traidoramente la perdida y gritó frente del público: “¡Nalgas!”...

Lo que yo había escrito era mi búsqueda de cacles para mi pie como de madera y de allí saltaba yo al humor impecable de Ernesto de la Peña quien con toda su sabiduría no hubo de perder un instante la risa adorada que nos heredó, los sobrenombres:  Lo que queda de la Bigota, La CubreasientosEl Chicotón de las BalearesEl Neuropeo, El Iracundo Libanés. Nos reíamos hasta perder la razón y el aire. Y de pasada recorrí un poco la vereda de la muerte que nos ha tocado recorrer en estos últimos días tal la contundente desaparición de Gabo García Márquez y el dolor de la Gaba y sus niños Rodrigo y Gonzalo y el nieterío. Y de Carballo dejando solita a la preciosa Beatriz Espejo, gran escritora y quien forma parte del apretado conglomerado de escritores que flotamos alrededor de los meros carcamoneros que usted ya sabe quiénes. Culta, buena, magistral maestra, amiga leal, de esas que no se van un buen día porque descubren que eres de tal religión, de tal partido, de tal soledad después de 30 años de supuesta amistad.  La Espejo viene de una gran familia veracruzana, es tan mexicana que no se exige disfrazarse de huehuenche, su elegancia la distinguen sin por ello perder el agudo filoso sentido del humor tan jarocho. Ahora enviuda y todos sus amigos la acompañamos. Carballo era un acerado crítico literario y mucho faltará lo que ya no quiso escribir sobre todo por estar tan repartidos en inapelables hogazas de los meros carcamoneros y nadie más. Allí está Campbell que también se nos fue dejando mucho que escribir, y para qué decir Pacheco y Azar y Garibay y allá lejos José Carlos Becerra. Por eso estamos tan tristes los adyacentes, los de la periferia, los  entercados en escribir libros que nadie lee o juzga o nombra o recuerda… por eso esta semana que termina la celebré presentando la novela de Humberto Guzmán en el Palacio de Bellas Artes. Que conste. Escritores somos muchos, los que suenan son los mismos…

                *Periodista y escritora

                marialuisachinamendoza@yahoo.es

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