La pluma devota de Humberto Guzmán

Posee un sentido muy profundo de contar, es decir que la esencia de la novela es lo que somos y a dónde vamos.

COMPARTIR 
María Luisa Mendoza 12/04/2014 03:09
La pluma devota de Humberto Guzmán

Los verdaderos escritores un día escriben, por  humildad o soberbia, su autobiografía y siempre se agradece.  Si bien es cierto el depósito de la misma a lo largo de toda la obra, llena de pistas y repeticiones, recuperaciones de algo ya dicho y el lector avezado reconoce casi con agradecimiento. Es obvio Marcel Proust, nombrarlo, él es la biblia de la autobiografía en la inacabable historia de sus delicuescentes personajes, o Navokov, maravillosa en Habla memoria, ambos describiendo en la finura de la nostalgia a sus respectivas madres… inolvidables. También en nuestro país hemos recuperado estampas perfectas, ya no digamos Alfonso Reyes a quien el sol de Monterrey lo seguía en la infancia como un perrito cachorro, digo, la familia de Octavio Paz, su casa solariega y sus relatos de guerra del abuelo a la hora de la merienda y el mantel oliendo a pólvora… la misma Elena Garro en su niñez dorada en el trópico y las travesuras… Veracruz y la elegante familia de Beatriz Espejo, la de Sergio Galindo, la de Sergio Pitol, de Salvador Novo, de Carlos Pellicer, de Carlos Fuentes. Las evocaciones son innúmeras, el deleite sempiterno. Por eso cuando Humberto Guzmán escribió su novela reciente La congregación de los muertos o El enigma de Emerenciano Guzmán me enamoré de ella y esperé su publicación que debió ser en la editorial guanajuatense dado el desarrollo de la formidable historia de su abuelo don Emerenciano, su asesinato, y el camino lleno de dignidad de la familia huérfana.

La novela publicada por la Universidad Autónoma de Querétaro ha ido conmigo de cuarto a cuarto de mi casa, de aquí a San Miguel de Allende, en mis tres comidas. No la he podido soltar porque Humberto Guzmán posee un sentido muy profundo de contar, es decir que la esencia de la novela es lo que somos y a dónde vamos (algo así como la filosofía, pero divertida) llevándonos de la mano a sus lectores por nuestras ciudades bajienses, las de mi sangre, digo Salvatierra, digo Moroleón, no sé por qué pienso siempre en Acámbaro y en Celaya (que de allí surgen mis orígenes paternos, como Humberto con don Emerenciano). Y con la misma pasión de los escritores que nombré antes, por no detenerme en la familia sueca contada por Aline Pettersson, o la italiana de Ángeles Mastretta, y en todos los casos al nombrar a los pueblos, relatar los paisajes, algo adentro se rebela en nosotros  —los lectores, insisto—, como si al leerlos reencarnáramos en quienes nos hicieron, esos antepasados sagrados para los escritores y devueltos a la vida por la pluma devota. Guzmán honra a los Guzmán de mi tierra,de donde nació mi abuelo Mendoza Guzmán, del lugar recóndito en luchas políticas feroces y no obstante silencias, a menos que surja la injuria en una cantina, historia que nos identifica.

No es Humberto Guzmán un novelista barroco, no obstante nos va desgranando cientos de personajes, y si Tolstoi se atrevió, y Martín Luis Guzmán y Gabo García Márquez, no sé por qué diablos no pueda este magnífico revelador de la vida del pueblo con su preciosa y precisa prosa sin postizos…

                *Escritora y periodista

                marialuisachinamendoza@yahoo.es

Comparte esta entrada

Comentarios

Lo que pasa en la red