Los de a pie estamos hartos

El planeta fallece por el hombre y el hombre acaba con el hombre, ya no digamos los inocentes animales.

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María Luisa Mendoza 22/03/2014 02:11
Los de a pie estamos hartos

Persignarse no es una mala práctica antes de dar inicio a lo importante en la pobre vida. Por ejemplo, su escribana lo hace al principio de un texto, como con las novelas, los libros, digamos el del Agua, que me pidió Lourdes Galaz... para mí, lo primero es leer en silencio el discurso electrizante de Gabo García Márquez, El Cataclismo de Damocles, que leyó en un acto internacional por la salvación del planeta... eso me nutre y me da fuerzas para limpiar desde endenantes la obligación de la letra de buen amor... Me persigno al despegar y al aterrizar el avión en el cual vuelo a ganarme la hogaza en los foros provincianos que aún me invitan... al apagar la luz para dormir, después de pedirle a Dios que bendiga las ocho patitas de mis perros, pegados a mi lomo como si fuera yo su madre (lo soy)... me persigno al ir subiendo la escalera de mi pobre casa, alguien importante que me honra. Y así. Ahora ya lo hago al ir a prender la televisión, para no morirme con la situación del mundo. Se matan frente a mi cama y mi camisón, con la mano en el exterminio, sin dejar a un lado la maldita guerra en caridad de Dios. El planeta fallece por el hombre y el hombre acaba con el hombre, ya no digamos los inocentes animales. Es escalofriante nuestra actualidad, el maltrato a los niños de Dios, a las mujeres, bajo el yugo de los usos y costumbres impuestos por los varones. En ese horror, la descomposición moral se derrama en los gobiernos como si hubiera sido tatuada en el nacimiento. Enumerar los últimos aconteceres es estúpida repetición. Digo el asunto vergonzoso del Metro, la condena sobre millones de seres pobres —los de a pie—, que con trabajos juntan para el pasaje... la vergüenza del barcote atrapado en el mar para cobrarse una deuda de la malhadada Oceanografía, ¡otra vergüenza!.. el ignominioso e infamante asunto del Metro, Línea Dorada y sus ladrones, peor que asesinos mafiosos bebiendo champán con los porfiristas redivivos, la peor afrenta a nuestras pobreza compartida. Pero sigamos así, de escándalo en escándalo... yo, en lo personal, me revuelco de dolor con la noticia del oso sin maxilar inferior, para que no mordiera, en el infernal espectáculo circense de Yucatán, quien junto con un león africano y un tigre de bengala, el primero con las patas rotas, el segundo sin garras ni colmillos, y tres monos araña,  también sin colmillos ni uñas, fueron salvados por la Profepa... Dan ganas de morirse, como mi hermana que le da por ahí… Yo veo mis árboles de la calle, miro luego mis árboles del jardín que Dios me dio para los últimos años de mi vida, la jacaranda vieja y aún floreciendo, recargada en el terreno de junto, que he defendido a costa de mi salud, para que el petimetre comprador del terreno adjunto no la tire, a la par del pino y del otro arbolote centenario. Y me pregunto, ¿qué le importa a un ricacho absoluto la fronda verde, el meneo atardecido, el aroma mañanero?.. A nosotros, los pobres, nos rinde de amor a Dios... pero para eso tenemos leyes y a ellas nos acogemos los miserables, los de Fuenteovejuna y, por favor, no me censuren... es lo único que nos queda a  los que nada tenemos.

                *Escritora y periodista

                marialuisachinamendoza@yahoo.es

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