La raya

Días y días sin saber qué le sucedió a la nave aérea repleta de pasajeros mansos rumbo a su casa.

COMPARTIR 
María Luisa Mendoza 15/03/2014 02:15
La raya

Esta mañana me pareció muy fácil escribir mi artículo porque había ya elaborado en mi cacumen el extraordinario hecho de la desaparición del avión de Malaysia  Airlines,  de Kuala  Lumpur a Pekín, que para los maniáticos de la lectura a mí me se me hizo pan comido, es un hecho filmado en películas y discutido hasta el amanecer en aquellas reuniones de locos maravillosos que fuimos en los tiempos soñados donde se fumaba y bebía y se cerraban los ojos a las seis de la mañana con una fatiga mayor y un remordimiento capaz de hacernos atravesar la casa de la mamá dormida como gacelas silenciosas. Las explicaciones serían mañana… creíamos  en la desaparición de trasatlánticos y aviones de mil pasajeros que iban a dar a otro mundo para ser analizados por marcianos inteligentes y devueltos a la Tierra cuando sus hijos ya parecían sus bisabuelos. Es decir que uno aceptaba cualquier fantasía porque la vida empezaba a ser intolerable, como ahora. Por eso nos conmovieron 227 pasajeros, la mayoría chinos, esfumados en el espacio sin señal de miedo, pánico o por lo menos de malas caras adyacentes de posibles raptores aéreos… días y días sin saber qué le sucedió a la nave aérea repleta de pasajeros mansos rumbo a su casa, pensando en sus hijos, novias o repelentes cobradores, pero en el hogar todo se resuelve, no faltaba más al fin ya iban a llegar… la raya.

Lo horripilante es que no dejaron dicho nada de nada, en un tris llegó el fin, lo cual puede ocurrir si uno viaja en avión aunque se persigne a la salida y antes de aterrizar… momentos  disueltos en risas de quien te espera o la dicha de saber que al fin llegas a tu cama, a ver tus  perros… el caso es que después del golpe directo al corazón de saber que la nave no está en ningún lado y los seres amados tampoco, lo primero que hace un deudo angustiado es marcar el celular de quien se ama y lo más electrizante es escuchar la voz que se supone es de ultratumba diciendo que en ese momento no te puede contestar, al decir vuelve a marcarme… y días después la misma voz te ruega insistir… desde el más allá ¿o dónde?... las explicaciones están en los periódicos… que los celulares son contra inundaciones, que… que nada, las explicaciones no aclaran y tampoco apagan la imaginación de quien se interesó por el misterio. En un mundo cóncavo y convexo como el nuestro, sembrado de percances, pugnas, muertes, robos, guerras y soledades, este asunto inquieta, despierta el Ray Bradbury que todos llevamos dentro aunque nos estemos sintiendo que perdemos la razón en la vida real ante la acometida de los sinvergüenzas compradores de terrenos por cuatro pesos,  el derrumbamiento de viejas casas antiguas y la obsesión de construir edificios de departamentos dizque sociales contraviniendo la norma 26 que salvaguarda las zonas de convivencia de ancianos dueños de casonas paternas conservando lo residencial de los hogares. Lo bueno es que tenemos a Mancera y a Romo, regente y delegado respectivos, creyentes en la historia, defensores de la ciudad más transparente.

                *Escritora y periodista

                marialuisachinamendoza@yahoo.es

 

Comparte esta entrada

Comentarios

Lo que pasa en la red