Piensa en mí cuando llores

Vuelvo la cabeza al librero y contemplo de nuevo el grupo de jóvenes luchando por algo combatido alguna vez por mí.

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María Luisa Mendoza 08/02/2014 02:05
Piensa en mí cuando llores

“Allá en el fondo de la vieja infancia eran los árboles, el simulacro de río…”

                José Emilio Pacheco

 

Escribana para siempre, anoto en papelitos nombres, situaciones, frases, ráfagas de pensamientos. Luego, cuando los necesito ya desaparecieron igual que se me va yendo la vida. En mi libreta de diario busco algo digno de figurar en lo escrito para  enlujarlo. También parece colección de recortes mis rasguños a los periódicos. Dicen lo ansiado por mí, o lo ya echado a volar, pero que me avientan a lo repensado, todo ello con mil imágenes rápidamente embaladas en mi cabeza… lo ansiado por comunicar, por ejemplo ese artículo maravilloso de Arturo Pérez-Reverte donde cuenta su admiración por un perrillo alevantado en cualquier guerra citadina y peleando al lado de su amo guerrillero de la calle, sin barricada ni nada, a calzón quitado como dicen, sólo cubriéndose la cara el revoltoso y el pecho del adorado perrito con un paliacate. Vuelvo la cabeza al librero que tengo junto a mi máquina de escribir y contemplo de nuevo el grupo de jóvenes luchando por algo combatido alguna vez por mí, con igual furia irresponsable... son cuatro pencachitos ladrando —si los oigo— al enemigo y al poderoso chorro de agua que los trepará al aire en el instante siguiente… volverán a poner sus correspondientes cuatro patas aferradas con coraje al suelo y a dar guerra contra la “autoridad” fieles como dioses romanos en sus carros de batalla. Los adoro. Y aparece otro papelito informando a mi pobre corazón que el cáncer  está avanzado, que hiere a Henning Mankell, amadísimo desde mis tardes lectoras, primero fumando y luego té tras té para seguir los crímenes suecos crueles, sus soluciones y la soledad terca, la oquedad del detective Wallander por quien casi le pongo los cuernos retorcidos —pero no, eso no lo hago— al inspector Maigret. Me distraigo en mi antigua campaña en contra de los circos con animales aunque lloré en Moscú con 50 osos dándole la vuelta al ruedo, de pie, desde uno grandotote hasta uno chiquitito, y aparece mi loca de la casa, la imaginación, la leona Morelia retratada después de ser salvada al fin de un circo maldito en donde durante 20 años un canalla le pegaba de garrotazos en su cabeza para que hiciera tal o cual lindeza… ella me ve… casi no la veo de las lágrimas ante su miseria, criatura explotada, martirizada… le daría mi cama, mi cobija de pelos, su agua en el buró y besaría sus cicatrices sin fatiga. Luego sin más estoy llorando por mis muertos, el muerterío por el cual brindo todos los medios días antes de comer. Extraño intolerablemente a mi hermanito Xavier muerto en la conflagración de la vida. Extraño la inteligencia literaria de Vilma Fuentes ya largada a París. Me congratula me gusta la incansable novela de Humberto Guzmán La congregación de los muertos, y no entiendo cómo no la publicó la editorial de Guanajuato tratándose de tan magistral historia que allí transcurre; no puedo dejar de votar como oriunda de ese estado en forma de pañuelo para llorar, por la candidatura de Jaime Martínez Tapia para presidente estatal del PRI, Un hombre entregado al paisaje, a la necesidad, a lo mejor de mi tierra y que en una campaña fervorosa sigue recorriendo el estado sin mayor respaldo que su voluntad, su patriotismo y la seguridad para servirnos como ningún otro. Yo de eso sí sé.

                *Escritora y periodista

                marialuisamendoza@yahoo.es

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