A propósito de pelea de dos ruiseñores

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María Luisa Mendoza 18/01/2014 00:54
A propósito de pelea de dos ruiseñores

Hay que tener mucho cuidado con las palabras; uno las usa a tontas y a locas, y casi siempre salen caras. Dije que estaba ahíta de felicidad y no es cierto, porque andaría bailando como loca mansa, y al ratito de lo dicho una desgracia me cayó encima, algo tan horrendo que no se atreve la víctima a decirlo… alguna vez, se asegura en las novelas, pero la espúrea alegre aseveración se vuelve un bote vacío amarrado a la pata. Vivir es muy difícil, supongo que morir más, pero lo ominoso es desearle la muerte  a alguien así sea porque sufre mucho o porque, en la irresponsabilidad del que habla, al sentenciado con la buena fe le duele intolerablemente vivir, lo cual es una estúpida idea, dado el verdadero milagro que es la existencia. Este respirar, volver la vista al balcón y mirar los árboles jóvenes, cómo los menea el aire, comer algo suculento junto a un ser querido, escribir una página si no memorable sí digna de pavonear el espíritu. Nada es comparable al olor de una rosa, no hay muerte misericordiosa que lo sustituya. El caso es la presunción de dicha sin igual cuando a la vuelta de las horas está esperando un  dolor extremo. No débense usar las palabras con facilidad, por eso acábase el amor en tres patadas, la inconsciencia del iracundo, del desesperado, del carente de trabajo, de hogaza para el hijo, del herido por la enfermedad o el accidente. Me levanto cada mañana asorpresada de seguir viva, rodeada de lealtades y el café caliente, el periódico-áspid (muertes sucesivas diarias) y aún el uso de las piernas. Reparto los agradecimientos por vivir a Dios, a mis muertos y a mis animales que me acompañan,  por saber que tengo trabajo y dinero para detener la lepra del salitre indómito, y el merecido reposo del guerrero cuando estoy rendida. Pero a tantos bienes inmerecidos se añade, sin pedir permiso, la desdicha… ¿De dónde inventé yo mi ficticia felicidad?

No es posible un eterno jolgorio, lo inconmensurable dura segundos y se va como las pompas de jabón que le soplo a mis perritos. Quien vivió cerca de uno parte del ejercicio de vivir se vuelve imprescindible, aunque no se les mire cerca o prosigan junto igual a la rebanada de años que nos tocó repartirnos. Como mi vida al lado de mis hermanos, o de Ernesto de la Peña, y la pura risa como las cataratas del Niágara, hoy por cierto congeladas.

Pero no hay que renegar de haberse atrevido a contar la buena estrella, sino a Dios no exigirle que el doliente sane o muera, o aceptar sus designios y decirle no es más que mi ruego, simple sugerencia. Soy un ser humano doblegado ante la desdicha de otro ser humano. Pero, ahora que me acuerdo de heridas, de qué me quejo si en la India hay un festival para ver cómo se pelean a muerte dos ruiseñores…Este no es mi mundo.

                *Escritora y periodista

                marialuisachinamendoza@yahoo.es

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