En los tiempos de Alberto Isaac

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María Luisa Mendoza 04/01/2014 06:29
En los tiempos de Alberto Isaac

Apenas ayer era fin de año… recuerdo a Lucero Isaac diciéndome hace muchos años y prematuramente: “Apenas ayer éramos tan jóvenes”. Vivía aquí enfrente, en Zuazua, donde vivo yo después de haberme jurado en su árbol, junto a su perro Chómpiras y su perico Héctor Azar, algún día tener en este barrio prodigioso mi casa. Era el translúcido tiempo donde Alberto Isaac traía aún en su cuerpo exacto el sobrenombre de “la Flecha de Colima” (guapísimo él, bueno como mi célebre pan de Acámbaro, talentoso abundante: atleta, pintor, dibujante, periodista y cineasta.) Los ojos de Alberto Isaac no eran los de Betty Davis sino hondos como el mar, azules tal el cielo de su y mi tierra, pero sobre toda la belleza humana estaba su alma privilegiada en dones y bondades. Si no estuviera mi colonia San Miguel Chapultepec tan carcomida por construcciones dizque departamentales, desde mi balcón alcanzaría a ver la copa de su famoso árbol. Allí estaba el prodigio de hijo Claudio, tan hermoso que cegaba al verlo, bienamado e inteligente, astilla de sus padres bendecidos por el Señor con el talento, eso poco repartido desde los cielos. Alberto fue mi compañero en las fiestas de baile y pipa y anteojo, y mi director de cine donde actué feliz prostitutita de puerto bajo sus órdenes.

¡Qué tiempos aquellos! Todos éramos solidarios. Magda Motoya me prestó un traje fantástico de 1930 y zapatos de plataforma y pulsera hoy tan de moda. El film fue En este pueblo no hay ladrones y debutábamos Gabo García Márquez, Alfonso Arau, Héctor Ortega, la señora Vicens, etc. Luego Alberto se murió y me quebré un poco más, quizá sólo me consuela contemplar a Claudio en su cine fabuloso, en sus exposiciones de pintura y ahora en lo que escribe. El libro en memoria de Alberto su papá, es magnífico, me hizo llorar, pero no sólo por lo bien escrito sino por cómo hurga en mi pobre corazón deshecho entre sus manos. No me gusta pasar frente a la casita de Zuazua: tengo que dominarme para no tocar y entrar a abrazar a los muchachos… Iré con mi perro Lord Koechel que una vez se perdió visitándolos y corrió a Chapultepec. Mi adorado…mis adorados. Ahora empiezo un año de regalo. Voy montada en el 4 de hoy y arrastro una carreta de amor que se llama 2014 y que parece más bien un tranvía chocado. Voy con mis muertos nadando, a veces en paz, otras entre olas atrabancadas. Y me divierto enamorada de las palabras. Por ejemplo de mi infancia: mollera, modorro, retortijón, puchero…De mi estudiantado: carcaj, excusabarajas, trompicones, chicho… de mi madurez: solidaridad, nostalgia, saudade, memoria, deseo y tentación. La de hoy es separación, oquedad, inexistencia, es que la vida  es en realidad palabras usuales; en mi niñez no se usaba neurosis, sino neurastenia…nadie tragaba agua entre comidas como carburador, ni se hacían zancadillas ni señalábase a nadie con el dedo en la distancia. Así era. En estos tiempos nadie cree nada, se cambia de religión y de partido con la mano en la cintura... ¿y la lealtad?.. sólo los míos y alguien que yo me sé.

                *Escritora y periodista

                marialuisachinamendoza@yahoo.es

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