¡Baro, baro, la patria barata..!

Ahora somos grandes… ya nos vamos a morir… creímos que íbamos a dejarles a nuestros des-cendientes un país libre...

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María Luisa Mendoza 14/12/2013 01:33
¡Baro, baro, la patria barata..!

¿Quién necesita Moscú, si hay una
confitería rusa?..

Desde el primero de enero de 2013 se acabó el año. Una especie de inquietud nos apretó el ánimo, como cuando tienes premoniciones. Bien que me acuerdo la mañana en que conté en el desayuno glorioso de la casa de Enrique Mendoza, que había pasado una pareja de águilas y la sombra inmediata en mi salita de tomar la copa, y la repetición de esa imagen sagrada, venida desde la arboleda del bosque de Chapultepec —mi antigua casa de trabajo durante diez años. En ese mismo instante la voz poderosa y elegante de Gastón García Cantú exclamó: “¡Es una premonición!”… Así fue, las águilas de nuestra bandera dibujan nítidas sus alas de la pintora Carmen Parra y nos hacen ya temer. Hemos visto a lo largo de este cruento año las penas de la patria, las noticias terribles; la última, la pérdida el petróleo que nos legaron López Velarde y Lázaro Cárdenas. En la semana se nos fue la propiedad por la que hemos luchado lustro a siglo, para que, en tres patadas, ya no sea nuestra y los gringos vuelvan a ponernos la bota en el cuello. Es de llorar. Yo vengo de la generación de Cuahutémoc Cárdenas, de su hermosa forma de serle fiel a su padre y de enseñarnos. Ahora vemos en el estupor a gentes en las que creíamos, dándole todo a los petroleros soberbios que nos humillaron durante años. Yo de humillaciones sí sé… desde niña, me acuerdo de la forma implacable de echarme del mundo por mi voz, mi alegría, mi fuerza y esa herencia que, yo creo, me viene de mi antepasado don Joaquín Fernández de Lizardi (¡Ah,mis primos los Lizardi!) de salirse de lo establecido con aquella, mi fuerza joven… Tendré que volver a empezar el ejercicio de la aceptación… aquella maestra inventando mi expulsión, aquel papá tonto celoso del afecto y admiración, además de la hija por mí; en fin, no voy a imitar el martirologio de mi madre, sino simplemente entender este nuevo tiempo determinado… ya no la Independencia, la Revolución, ya no los mineros luchando por su trabajo y sus horas; se acabaron los nombres preclaros de la libertad… hoy, nada más aceptar que el petróleo por el cual yo no luché… era niña… lo fui. Pienso: si me hubiera tocado la legislatura de esos votos arriesgados y crueles, ¿qué hubiera hecho? Ojalá hubiera tenido fuerza para oponerme a tamaña barbaridad. No creo necesario saber historia y todo del único país que tenemos; nos bastaría con la memoria infantil, aquellos alegatos en el comedor de la casa y uno, chamaquito, asustado, oyendo la ira de los hombres de entonces en contra de los eternos enemigos de la patria. Ahora somos grandes… ya nos vamos a morir… creímos que íbamos a dejarles a nuestros descendientes un país libre, dueño de uno de sus tesoros: el petróleo. No es así. Estamos de luto, dijo Yuriria Iturriaga en su casa de Coyoacán el día de la presentación de la novela de Vilma Fuentes… “hoy perdimos la propiedad del petróleo que nos dejaron nuestros padres”… pensé en su padre, don José, gran patriota enamorado de México… Y nosotros, silencios ante la barbaridad que se nos viene encima… ya no tendremos con qué defendernos de la ola enemiga… USA… Inglaterra, etc. “¡Baro, baro!”, gritaba el mercachifle cuando fui por el Templo Mayor, rumbo a la editorial Porrúa… así les dio a los del poder ahora… volvernos a vender por espejitos. Qué bueno que nos estamos muriendo.

                *Escritora y periodista

                marialuisachinamendoza@yahoo.es

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