Guepardos de arena

¿Qué me pongo?

Marcelino Perello

Guepardos de arena

11 de Enero de 2017

Lo pensé, pero al final la tentación venció. Las tentaciones siempre vencen. Menos mal, pues cuando llegan a perder dejan un muy mal sabor de boca, una resaca interminable.

Consideré la posibilidad de no volverlo a llevar hoy, ansioso lector, a las dunas andinas donde, mientras recorre usted estas líneas, cientos de animales de hierro recorren, entre rugidos, los más agrestes e inhóspitos páramos.

La semana pasada le platiqué aquí mismo del legendario Rally Dakar, que por los imprevisibles e imperiosos caprichos de la historia se corre hoy en Sudamérica, sobre las faldas de los majestuosos Andes, entre buitres, cóndores y llamas, muy lejos de la capital del Senegal, allá en ultramar y a la que le debe el nombre.

No acostumbro, ya lo sabe usted, a escribir series consecutivas en este espacio. Prefiero irlas alternando, y hoy le tocaba a la peliaguda cuestión de la libertad, su concepción y connotación, sus obstáculos y desafíos. Pero, en fin, que espere. Una semana más es poca cosa. No es mañana la víspera del estallido de las cadenas, de la liberación de los hombres. Brincos diéramos.

Y el Rally termina este sábado. Sería una auténtica lástima que dejáramos pasar las cuatro etapas que nos separan de la ansiosa Buenos Aires. Que dejáramos correr a los intrépidos pilotos, más aventureros que deportistas, ante nuestra indiferencia.

Ya lo dije la semana pasada, se trata de un ejercicio único, en que la competencia, seguida apasionadamente por millones de aficionados, no es un espectáculo. No hay lugar para ellos en los desiertos. Apenas pequeñas muchedumbres en los pueblos y ciudades que señalan cada etapa. Los expectantes seguidores deben conformarse en ver y leer lo que va ocurriendo a toro pasado. En la inquietud y la emoción de la distancia y la incertidumbre.

Es realmente lamentable el olvido con el que en México se desprecia la gesta. Uno solo de los más de 600 participantes es mexicano. Se trata del guanajuatense Carlos Gracida Garza, que compite en la categoría de motos, con su Husqvarna FR 450. No le está yendo demasiado bien, ayer estaba en el lugar 96 entre 200 participantes. Mantenerse en la competencia y seguir hundiendo las llantas en la arena ya es una proeza. Se han retirado más de 40, en las cuatro categorías.

Y sin embargo no es excusa. Desdeñar esa belleza y esa exaltación es propio de badulaques. Nos mantienen embobados y adormecidos con propuestas impresentables como la Liga MX o los deportes gringos, con todo el tufo de la fayuca, de lo ajeno y lo mercantil.

En el Dakar hay un buen número de pilotos sudamericanos, sobre todo argentinos, claro, pero también chilenos, bolivianos o venezolanos. La plana mayor, sin embargo y por supuesto, corresponde a los europeos: franceses en primer lugar y los nórdicos.

La escasísima presencia mexicana se ve compensada, en mí, por la muy importante de los catalanes y sus 26 equipos. Los vecinos del sur de los Pirineos son los reyes del motociclismo, pero también participan con éxito en la categoría de autos. Los gigantescos tractocamiones son del dominio de rusos y polacos. Es muy significativa la ausencia total de los gringos. Ellos a los que supuestamente los enloquecen los motores brillan por su eclipse. Aquello que decíamos del adormecimiento, el comercio y la pendejez.

Al escribir estas líneas acaba la octava etapa que fue de la boliviana Uyuni a la Salta argentina. En motos se produjo una fiera batalla entre los franceses Soultrait y Michael Metge. El catalán Joan Barreda quedó relegado a la tercera posición. En coches domina el galo ultrafavorito Sébastien Loeb. El catalán Nani Roma le pisaba los talones pero en esta etapa ha de haber sufrido un percance grave pues en este momento aún no llega a la meta de Salta.

Las tres últimas etapas han sido especialmente difíciles, ante los incontrolables berrinches de la intemperie. De hecho la sexta, de Oruro a La Paz debió de plano suspenderse, y los equipos se trasladaron por carretera.

La tormenta no cesa, y ha obligado a eliminar sectores y a mover los puntos de control. Los indicadores en las dos especiales prácticamente se volvieron invisibles. Sin embargo la dirección de la carrera, a cargo del catalán Marc Coma, decidió mantener, ora sí que contra viento y arena el calendario.

Planearon iniciar las arrancadas simultáneamente. Modificaron incluso varios indicadores, no obstante mientras el levante arreciaba vieron acercarse ya amenazantes nubarrones, obligándolos rápidamente a suprimir itinerarios, atravesar varios arroyos no dilatados al librar interminables zonas altamente riesgosas.

En esta edición, gracias a los dioses Aymara, no se ha producido ningún accidente fatal, y esperamos que no los haya. Hay sí heridos serios, una multitud de vehículos hechos pedazos y un torrente de lágrimas y maldiciones. El mítico Carlos Sainz convirtió su Peugeot en chatarra.

Usted, dilecto y conocedor lector, también puede seguir las incidencias del mágico Rally a través de internet (nuestra televisión, ay, olvídela). Vaya al sitio oficial del Dakar en  http://www.dakar.com/dakar/2017/es. También es muy bueno y está muy al corriente el periódico peruano El Comercio.

En un mundo dominado por la ficción, la falsedad y las apariencias, en el cual la más intrépida aventura de un habitante de las ciudades es el de salir a pasear el perro a las once de la noche, no deja de ser refrescante y estimulante participar, aunque sea desde la pantalla, de la real, auténtica y magnífica epopeya de los guepardos de arena.

Nota Bene. En el momento de enviar a máquinas este texto, la dirección del Dakar anuncia que debido a las tormentas cancela la novena etapa de Salta a Chilecito. Sigamos atentos.

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