Tres pantomimas, tres

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Marcelino Perello 26/08/2014 01:24
Tres pantomimas, tres

La cosa resulta incluso un tanto cómica. De repente los tres partidos mayoritarios de nuestro país, brincoteando cual mocosos con juguete nuevo, deciden hacer uso de ese flamante instrumento que la llamada Reforma Política puso en sus manos: las consultas populares.

Sintiéndose presas de cierto frenesí participativo, se apresuran a querer preguntar su opinión a la ciudadanía. Se trata de un ejemplo magnífico, áureo, de lo que es la demagogia en estado puro, tal como la definí apenas la semana pasada en mi columna de Expresiones: una enorme, estridente e insolente tomadura de pelo. Una farsa desvergonzada. Diría que con todas las de la ley si no fuera porque, al menos dos de ellas, están de manera flagrante fuera de la ley.

En primer lugar, el referéndum que proponen los partidos de “izquierda” (ya he dicho que las comillas, en algunos casos, deberían ser un signo ortográfico obligatorio, como los acentos o los tildes sobre las eñes) que se propone revertir la Reforma Energética recién salidita del horno, es sencillamente anticonstitucional y por lo tanto no se llevará a cabo. No al menos de manera estatutaria y con validez legal.

En efecto, tal como prevé la ley que establece y reglamenta tales consultas, y que los propios partidos inconformes suscribieron, su ámbito de aplicación y potestad impide que a través de ellas pueda verse alterado en lo más mínimo el texto constitucional. Y, por lo tanto, ningún procedimiento plebiscitario puede dar marcha atrás a las modificaciones que, en materia de energéticos, ya se introdujeron y aprobaron en ese texto. Cualquier eventual “contrarreforma energética” pasa necesariamente por su discusión y sanción en el Congreso.

Eso lo saben perfectamente los señores del PRD, de Morena y adláteres (digamos mejor que deberían saberlo). Y saben que la mentada reforma ya no tiene ni remedio ni reversa. Su único objetivo es el de hacer olas, aunque sea tantitas, y de esta manera hacerse notar, aunque sea tantito, y sacar provecho, aunque sea tantito, a la coyuntura. Porque es indiscutible que la privatización de considerables rubros de la industria petrolera y eléctrica es vista con disgusto y rechazo por sectores, no sé qué tan amplios, pero significativos, de la población. Y sería bastante obtuso, lo que sea de cada quien, no sacarle jugo a ese rechazo. Jugo bajo la forma de presencia y posiciones. Y por ende morlacos. Sobre todo morlacos. No nos hagamos majes.

La consulta priista es igualmente demagógica e ilegal. El número de parlamentarios en ambas cámaras está establecido en la Carta Magna y por lo tanto no puede ser corregido si no es por esas mismas cámaras de acuerdo con los votos y procedimientos previstos. Sencillamente, los institucionales no quisieron quedarse al margen y también levantan el dedo, salen con su propio lugar común, nomás para hacerle sombra a los otros, sabiendo que es inviable pero que contará con una gran y extensa simpatía. Si propusieran de plano suprimir a todos los diputados y senadores, unis y pluris, esa simpatía sería sin duda aun mayor.

En cuanto a los del PAN: pobrecitos, ya no saben qué hacer ni qué decir para salir de la ciénaga en la que están empantanados. Ellos también quieren ser los buenos de la película y salir en defensa de esos intereses populares que cada día pisotean y mancillan.

Su propuesta de aumentar el salario mínimo no puede ser más popular. E inane. ¿Quién diría que no? Únicamente lo pondrían en cuestión aquellos que supieran un poco de economía y estuvieran al corriente de los efectos que tal medida pueda tener a l’hora de poner en la balanza, indexar y hacer cuentas.

En descargo de los azules, reconozcamos sólo que su domingo siete, a diferencia de los otros dos, sí puede ser legalmente sometido a consulta ciudadana, pero aquí entre nos, ¿para qué?, ¿a quién beneficiaría? ¿Mejoraría acaso el ingreso y el nivel de vida de los trabajadores en general? ¿Subiría el PIB per cápita? Me temo que no.

El grave problema de tales ejercicios de “democracia directa” es que salvo en circunstancias cruciales no son sino terreno abonado para el pastoreo, la manipulación y el cultivo de falsas expectativas. Al reducir los márgenes y las alternativas, la ciudadanía se ve encajonada. En una tal consulta no se expresan opiniones. Únicamente hay opciones. Normalmente dos.

El auténtico interés de un sondeo social reside en otro tipo de cuestionamientos y planteamientos, mucho más libres, enriquecedores y propiciatorios. En los que las alternativas surgidas rebasen el nivel de banalidad habitual, y haya lugar para ideas no estándar que puedan ser realmente consideradas y usadas.

Para establecer la utilidad conviene haber evaluado también reflexiones a veces inexplicables en su origen. Varios indicios conducen a legitimar observaciones a menudo absurdas. Muchos analistas sostienen que únicamente esas anomalías muestran interés.

De otra manera nos veremos ahora convocados a puestas en escenas miserables como éstas. Meros figurantes de sainetes innobles, en impresentables pantomimas.

                *Matemático
                bruixa@prodigy.net.mx

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