Hay de niños a niños

Que México opte por subordinar sus decisiones en el tema de los niños centroamericanos que cruzan nuestro territorio hace más difícil que los niños mexicanos en EU tengan alguna oportunidad.

COMPARTIR 
Manuel Gómez Granados 05/07/2014 01:28
Hay de niños a niños

En la narrativa de las cosas buenas que hizo México en el siglo XX destacan dos o tres cumbres. Está, desde luego, Gilberto Bosques, el cónsul mexicano en Francia, que hizo todo lo que estuvo al alcance de su mano para salvar a cuantas personas pudo del Holocausto organizado por el III Reich alemán. Otra cumbre es la que unos años antes alcanzó México cuando abrió sus puertas a 456 menores, hijos de republicanos que en 1937 padecían la brutalidad de la Guerra Civil española. Al acogerlos, México escribió una página de su historia en clave de generosidad, como lo hizo también con el llamado Exilio Republicano.

Todavía en los años ochenta, cuando las guerras civiles en América Central provocaron grandes desplazamientos de personas, México puso sus buenos oficios diplomáticos al servicio de la paz y permitió que miles de guatemaltecos se refugiaran en nuestro territorio, al mismo tiempo que salvadoreños y nicaragüenses comprometidos con la democratización de sus países recibieron visas que en muchos casos salvaron sus vidas.

Hoy las cosas son distintas. Algo que es inevitable decir es que una diferencia muy importante respecto de los llamados Niños de Morelia es que aquellos eran niños españoles. Los niños que ahora necesitan nuestra ayuda son menores centroamericanos. Muchos de ellos ya son adolescentes y eso hace que se les vea con duda, temor e incluso resentimiento. Pocos piensan que ellos —como muchos mexicanos en décadas pasadas— hacen lo más lógico: huir de la violencia, de la falta de trabajo y buscar mejores condiciones de vida.

No queda claro qué resortes mueven las decisiones de México, que son —por lo que se ve— muy similares a las de Estados Unidos, tanto que resulta muy difícil distinguir lo que se decide en la Cancillería mexicana de lo que decide John Kerry, el secretario de Estado de EU. Es una pena que así sea, porque lejos de fortalecer una posición negociadora de México de cara a la reforma de la migración en EU, lo que hace es fortalecer las posiciones de quienes en EU se niegan a reconocer que más allá de lo que digan las leyes, hay una dimensión humanitaria del problema de la migración que esas leyes no siempre logran capturar o comprender.

Que México opte por subordinar sus decisiones en el tema de los niños centroamericanos que cruzan nuestro territorio hace más difícil que los niños mexicanos en EU, que sufren condiciones similares por la violencia y la falta de oportunidades, tengan alguna oportunidad. Lejos de subordinar o mimetizar sus decisiones, México tendría que hacer lo éticamente correcto, como lo hicieron Lázaro Cárdenas o Manuel Ávila Camacho y Gilberto Bosques. Lo correcto es asistir a esos menores. No deportarlos de manera masiva, como se hace ahora, pues corren el riesgo de regresar a situaciones que ponen en peligro sus vidas. Forzarlos a regresar con familias que ya antes habían demostrado desinterés por su integridad y derechos, no rompe los ciclos de violencia; los refuerza.

Esto no es algo que se diga por razones sentimentales. La WOLA, Oficina para América Latina en Washington, publicó la última semana de junio un breve reporte que demuestra, con los datos oficiales de las autoridades de EU, que los menores hondureños huyen de la violencia y que los salvadoreños y guatemaltecos escapan de la pobreza. El reporte se puede consultar en la dirección web: http://thisisadamsblog.com/post/90066236084/u-s-customs-and-border-prote....

                *Analista

                manuelggranados@gmail.com

Comparte esta entrada

Comentarios