Paz y honradez. La pedagogía de Francisco

El Papa comprende bien que para evitar la pobreza que esclaviza y garantizar las mejores condiciones de vida posibles se debe combatir la corrupción

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Manuel Gómez Granados 21/06/2014 00:44
Paz y honradez.  La pedagogía  de Francisco

El papa Francisco nos lleva de sorpresa en sorpresa. Terminó mayo con el torbellino de esperanza que fue su viaje por Tierra Santa e inició junio con la invocación a la paz en Oriente Medio, que le permitió reunir en los jardines vaticanos a los presidentes de Israel y de la Autoridad Palestina, Shimon Peres y Mahmoud Abbas, respectivamente, así como al patriarca ortodoxo de Constantinopla, Bartolomé, y a otros dirigentes cristianos, así como a judíos y musulmanes.

En una entrevista concedida al diario español La Vanguardia, Francisco insistió —por tercera vez en menos de un año— en la necesidad de que los obispos actúen como servidores y no como príncipes, verdad crucial para el futuro de la Iglesia y justo antes de anunciar su viaje de cinco días a Corea del Sur, prueba de su fortaleza y salud.

En la  misa que celebró en Santa Marta, el 16 y 17 de junio, pronunció un par de homilías que tocan uno de los problemas clave que padecemos a escala global: la corrupción.

“Los daños que causan los corruptos —dijo Francisco en su homilía del 16 de junio— los pagan los pobres. Si hablamos de los corruptos políticos o de los economistas corruptos, ¿quién paga esto? Pagan los hospitales sin medicinas, los enfermos que no tienen cuidados, los niños sin educación. Ellos son los que pagan la corrupción de los grandes. ¿Y quién paga la corrupción de un prelado? La pagan los niños, que no saben hacerse el signo de la cruz, que no saben la catequesis, que no son cuidados. La pagan los enfermos que no son visitados, la pagan los encarcelados que no tienen atención espiritual. Los pobres pagan. La corrupción la pagan los pobres: pobres materiales, pobres espirituales.”

Y al día siguiente, 17 de junio, Francisco abundó: “¡El corrupto irrita y hace pecar al pueblo de Dios! Jesús lo dijo claramente: el que escandaliza es mejor que se tire al mar. El corrupto escandaliza a la sociedad, escandaliza al pueblo de Dios. El Señor anuncia el castigo de los corruptos, pues escandalizan, porque explotan a los que no pueden defenderse, los esclavizan”.

Francisco comprende bien que para evitar la pobreza que esclaviza y garantizar las mejores condiciones de vida posibles se debe combatir la corrupción. Su posición es realista, sabe que la Iglesia no es asamblea de los puros, sino hospital de pecadores; no aspira a que seamos perfectos. Exige que quien haya cometido un error, lo reconozca, pida perdón a Dios y restituya el daño:

“Esta es la puerta de salida para los corruptos, para los políticos corruptos, para los hombres de negocios corruptos, para los eclesiásticos corruptos: ¡pedir perdón!, pues el Señor perdona, pero perdona cuando los corruptos hacen lo que hizo Zaqueo: ‘He robado, Señor. Devolveré cuatro veces lo que he robado’.”

Es una verdad crucial que ocupa un lugar fundamental en un proyecto más ambicioso de Francisco: su pedagogía de la paz. No hay paz sin honradez y no hay desarrollo sin paz o con corrupción. En la lógica de Francisco, la corrupción se convierte en uno de los más poderosos obstáculos al desarrollo, y es que el desarrollo, como expresó Pablo VI en Populorum Progressio, es “el nuevo nombre de la paz”.

Una nota final. Francisco no excluye a la Iglesia de sus críticas, como lo demuestra la referencia a la corrupción de los prelados en sus homilías. Tiene claro que las estructuras de la Iglesia no han sabido aislarse de la corrupción para ser ejemplo de conducta frente a otras instituciones.

                *Analista

                manuelggranados@gmail.com

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