El nudo michoacano

El dilema se puede plantear como una serie de preguntas: ¿qué tanto deberá esperar el gobierno federal para proceder al desarme? ¿El desarme debe ser total?

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Manuel Gómez Granados 26/04/2014 00:51
El nudo michoacano

Las últimas semanas han mostrado algunos avances en la solución del conflicto de Michoacán, pero son insuficientes dada la magnitud del problema de fondo: ni el gobierno estatal o los municipales y ni siquiera el gobierno federal pueden garantizar la seguridad de los ciudadanos. Continúan extorsiones, robos, asesinatos... No es un problema exclusivo de Michoacán. Municipios del Estado de México, como Ecatepec o Cuautitlán Izcalli, muestran que ni siquiera en zonas urbanas es fácil garantizar la seguridad.

Michoacán llegó a una situación insostenible que dio vida a las autodefensas como solución de corto plazo. Hasta el momento, el gobierno federal ha enfrentado el problema con alguna destreza. Ha usado el conocimiento del terreno de algunos miembros de las autodefensas para capturar a cabecillas e incluso dirigentes de alguna importancia. También ha recolectado el conocimiento, siempre necesario, de dónde y cómo se esconden los dirigentes de La Familia Michoacana-Caballeros Templarios, para realizar operaciones más precisas. Sin embargo, el problema de fondo no está resuelto y hay una serie de riesgos.

El riesgo más evidente es que permanezca La Familia, que surgió como una “autodefensa” que iba a defender a Michoacán de los ataques de otros cárteles. Gracias a la irresponsable complicidad de la clase política michoacana, desde la gubernatura hasta las regidurías y las jefaturas de policía, el modelo prosperó. Fue así como se llegó a esta situación.

El otro riesgo es que si desarman de inmediato, podrían ocurrir venganzas contra los comunitarios que han contribuido a identificar o incluso han arrestado ellos mismos a templarios. Ese es un riesgo que debe evitarse a cualquier costo, así como el riesgo de que ser comunitario se convierta en una patente para hacer justicia por propia mano. Algo más, muchos se presentan como autodefensas y cometen toda clase de tropelías.

El dilema se puede plantear como una serie de preguntas: ¿qué tanto deberá esperar el gobierno federal para proceder al desarme? ¿El desarme debe ser total? ¿Se puede confiar en la vetusta figura de los cuerpos de defensa rurales? Este paso, al menos de manera formal, ya se dio en enero de este año, pero no ha logrado los objetivos que se planteaba porque la dirigencia de las autodefensas se ha empeñado en asumir una actitud cínica respecto de su relación con el Estado. José Manuel Mireles no ha sabido contribuir a la pacificación de Michoacán. Frente a las autoridades dice una cosa y frente a los medios de comunicación, especialmente los extranjeros, dice otra. Hay quien se empeña en ver eso como algo positivo, pero no es así. Mireles, como cualquiera, tiene derecho a disentir y expresar sus opiniones libremente. A lo que no tiene derecho es a contradecirse públicamente y esperar que no haya consecuencias.

El desarme inmediato parece imposible, se impone que se establezca algún plan que permita construir el escenario en el que el desarme, la pacificación y el desarrollo social sean posibles. Quedarnos como estamos, prácticamente al garete, sólo alentará que crezcan las rencillas y el riesgo de vendettas de todo tipo aumente. Se deben establecer requisitos, metas, objetivos, que hagan posible la seguridad y un desarme y una pacificación total. No olvidemos que el año próximo se celebrarán elecciones de gobernador en Michoacán. Lo último que se necesita es que la elección se realice con sospechas o dudas sobre la legitimidad del resultado.

                *Analista

                manuelggranados@gmail.com

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