Dejar de espantar el hambre

Casi en cualquier rama de la actividad económica en México hay empresas que controlan porciones muy importantes no sólo de la rama en la que actúan.

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Manuel Gómez Granados 15/03/2014 02:39
Dejar de espantar el hambre

En fechas recientes, las autoridades del recién estrenado Instituto Federal de las Telecomunicaciones declararon la preponderancia de las dos principales empresas del ramo en México: América Móvil (Teléfonos de México) y Televisa. La declaratoria en sí misma no podría sorprender a nadie. Si la autoridad quería que se le tomara en serio, era inevitable que hiciera esa declaración.

Estas son buenas noticias. Sin embargo, hay algo que todavía no queda claro. Los monopolios en México no existen solamente en el ámbito de las telecomunicaciones. Casi en cualquier rama de la actividad económica en México, desde el cemento hasta las editoriales, desde las tiendas de autoservicio hasta los restaurantes, hay empresas que controlan porciones muy importantes no sólo de la rama en la que actúan. Hay las que han logrado un nivel tal de integración de sus cadenas y procesos que además de ser monopolios, son o están a punto de ser monopsonios, es decir, son tan dominantes en su rama que son capaces de imponer precios a los productores que los abastecen.

Si hemos de tomar en serio las declaratorias de preponderancia, es de esperarse que las autoridades no se queden en las telecomunicaciones. Ese es un terreno muy fértil, pero no será suficiente para liberar la energía necesaria que impulse el desarrollo del país. Lo que haga la Comisión Federal de Competencia Económica en ramas distintas a las telecomunicaciones será determinante, pero también podrá ser lo que hagan la Secretaría de Desarrollo Social y la Secretaría de Agricultura, en el marco de la Cruzada contra el Hambre.

¿Tiene sentido que los recursos de la Cruzada se queden en manos de las grandes empresas del menudeo y la alimentación? ¿Por qué no aprovechar esos recursos para alentar la producción en pequeña escala de alimentos en México?

Parte del problema del desarrollo es que poco más de 25 millones de mexicanos viven en comunidades rurales de menos de dos mil 500 habitantes, y la mayoría son los más pobres y los más aislados. Quienes llegan a esas comunidades con sus mercancías son intermediarios que cobran más por llegar. Algunos dirán que hay que construir carreteras, pero en muchos municipios que sobreviven a más de dos mil metros sobre el nivel del mar, pasarán años antes de que se puedan construir carreteras.

En esas comunidades de dos mil 500 almas o menos urgen soluciones que superen las limitaciones que la distancia, los malos caminos, la altitud y las gasolinas caras y otras condiciones imponen. Necear, como hemos hecho los últimos 30 años, con que basta llevar alimentos producidos y procesados en lugares alejados de las comunidades más pobres para venderlos con tarjetas modernas, ¡con chip!, pero que sólo se pueden usar en grandes cadenas, es insistir en condenar a los más pobres a la miseria, al subdesarrollo. Si en lugar de ello, Sedesol y Sagarpa alientan la producción local de alimentos, con productos que no requieran grandes inversiones y cuyo éxito no dependa de su venta en las centrales de abasto de las ciudades, dejaremos de paliar la miseria y espantar el hambre. Sólo así demostraremos que hay voluntad política para impulsar en serio el desarrollo de los más pobres.

Ojalá que luego de la declaratoria de preponderancia de Televisa y Telmex sigan otras. Y que Cofeco ejerza a plenitud sus ampliados poderes. Y ojalá, también, que se reconozca que la lucha contra los monopolios no termina en la televisión o los teléfonos.

                *Analista

                manuelggranados@gmail.com

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