¿Reducir la pobreza o administrar la miseria?

En México se condonaron impuestos a algunas empresas a cambio de que generaran empleos que no crearon.

COMPARTIR 
Manuel Gómez Granados 01/03/2014 04:05
¿Reducir la pobreza o administrar la miseria?

Recientemente, el Banco Mundial y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo en América Latina presentaron análisis de los programas de reducción de la pobreza en América Latina. En estricto sentido, los resultados no sorprenden a nadie pues, en el mejor de los casos, han sido modestos, que es una manera muy elegante de decir que no han logrado el objetivo, es decir, reducir la pobreza.

Y no es que los programas como tales estén mal diseñados. Gracias al uso de distintas tecnologías se ha logrado que estos programas sean muy precisos y entreguen los recursos a quienes más los necesitan. Pensar que la corrupción es lo único que explica que no logren sus objetivos es sólo parcialmente cierto, pues aunque México padece los efectos de la corrupción, no todos los países en que se aplican esos programas sufren nuestro tipo de corrupción. Transparencia Internacional nos ubica en el lugar 106 de 177. El hecho es que las transferencias sólo logran contener los efectos más perniciosos de la miseria y, lejos de favorecer la promoción de las personas, las coloca en una situación que apenas les permite superar la miseria, al contar con más de mil pesos al mes, pero sin mecanismos eficientes para superar la pobreza, que ocurre al rebasar los cuatro mil pesos al mes, y su situación es tan frágil, que el retorno a la miseria es muy fácil.

El problema es que se entregan subsidios que no crean empleos ni desarrollan mercados locales, así que el combate a la pobreza se convierte en un barril sin fondo, que no logra el objetivo de fondo.

El Banco Mundial y PNUD-América Latina hacen ver en el documento Ganancias sociales en la balanza, un reto de política fiscal, que “hay un punto ciego fiscal, es decir que gran parte del efecto de las transferencias condicionadas (como Oportunidades) que otorgan los ministerios de desarrollo social lo quitan los ministerios de Hacienda”, lo que se puede comprobar dado el crecimiento de la desigualdad entre 2010 y 2012, problema para el que las políticas fiscales en la región no tienen solución. Esa es una historia que conocemos bien en México, pues se condonaron impuestos a algunas empresas a cambio de que generaran empleos que no crearon. Esto es así, entre otras razones porque insistimos en apostar a la exportación a Estados Unidos como vía para el desarrollo en momentos en que Barack Obama busca revivir la manufactura y la generación de energía en su país, dos sectores en los que México llegó a tener, antes de la crisis de 2007, ventajas.

Lo que el Banco Mundial recomienda no es novedoso. Sugiere desarrollar una política fiscal estable y equitativa, que redistribuya la riqueza que se genera; acceso equitativo a servicios públicos, como salud y educación, no sólo entre las distintas regiones; también entre hombres y mujeres, y entre mestizos e indígenas; desempeño eficiente y responsable de las instituciones de gobierno; mercados eficientes, abiertos y que premien la innovación. Finalmente, mejorar las instituciones que manejan los riesgos sanitarios, de desastres naturales o de degradación del medio ambiente, pues los riesgos tienden a golpear más a quienes menos tienen.

México vivirá en las próximas semanas un nuevo periodo de reformas, de las leyes secundarias ahora, que darán la oportunidad de atacar esos problemas, ¿los partidos estarán a la altura de los retos o prevalecerán los intereses mezquinos y de corto plazo de algunos dirigentes?

                *Analista

                manuelggranados@gmail.com

Comparte esta entrada

Comentarios