Familia y desarrollo

Las personas con menor educación y, consecuentemente, con menores ingresos, tienen muchas mayores probabilidades de ser padres sin haberse casado.

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Manuel Gómez Granados 01/02/2014 01:00
Familia y desarrollo

Este año se celebra en Estados Unidos el 50 aniversario de la llamada Guerra contra la Pobreza de Lyndon B. Johnson. El aniversario ha alentado la publicación de una cantidad importante de análisis y críticas de los distintos programas de combate a la pobreza en EU y en otros países del mundo. Una de las contribuciones a este debate llegó desde la Brookings Institution, una entidad dedicada a analizar políticas públicas en aquel país. Lo que este organismo dice es relevante no sólo para EU, sino, de manera más general, para todos los países que enfrentan los demonios de la pobreza.

Una de las primeras conclusiones a la que han llegado la Brookings y otras instituciones dedicadas a analizar el fenómeno de la pobreza es que la familia es central para que las estrategias de combate a la pobreza sean eficaces. No importa qué tanto dinero se invierta. No importa si hablamos de Nueva York, Detroit o Los Ángeles, es fundamental que los dineros que se dedican a combatir la pobreza encuentren un contexto que favorezca su aprovechamiento.

De acuerdo con los análisis desarrollados por la Brookings (http://www.brookings.edu/blogs/social-mobility-memos/posts/2014/01/21-3-...), las personas (hombres o mujeres) con menor educación y, consecuentemente, con menores ingresos —es decir, cuando consiguen empleos se ocupan en trabajos mal remunerados—, tienen muchas mayores probabilidades de ser padres sin haberse casado. Es importante destacar que incluso cuando las madres solteras tienen estudios profesionales y empleo, enfrentarán mayores problemas para educar a sus hijos que las familias con dos adultos. En este sentido, los hijos de mujeres solteras tienden a ser mayoría en los grupos de menores ingresos en EU. No se sabe aún si hay una relación causal, es decir, no se sabe si el ser madre soltera hace que aumenten las probabilidades de que los hijos sean pobres, pero en algunos casos sucede así.

En este sentido, Brookings advierte acerca de los efectos que tienen los embarazos adolescentes. En México, las estimaciones más recientes señalan que cuatro de cada cinco mujeres mexicanas menores de 20 años se han embarazado al menos una vez, lo que eleva el riesgo de que sean madres adolescentes y, sobre todo, de que sean madres solteras adolescentes. Para reducir la incidencia o la transmisión intergeneracional de la pobreza, es fundamental reducir el número de embarazos en las adolescentes mexicanas.

La mejor manera de prevenir los embarazos de mujeres adolescentes es favorecer tanto como sea posible que las mujeres accedan a las escuelas, que estudien, por lo menos la preparatoria. La segunda mejor manera de evitar los embarazos adolescentes es que existan empleos que les permitan aplicar y desarrollar las habilidades que pudieran haber adquirido en la escuela y acceder al matrimonio de manera libre, sin la presión de casarse por necesidad u obligación, y con los recursos necesarios para contribuir a la formación de su familia en condiciones de igualdad con sus esposos. Si no existen esas dos condiciones, buena educación y buenos empleos, será difícil que las jóvenes mexicanas rompan los ciclos de reproducción de la pobreza y de la violencia.

Ya es tiempo de que los planes y programas de combate a la pobreza reconozcan la importancia de la familia como un elemento que contribuye a que niños y niñas tengan una mejor educación y mejores oportunidades para emplearse.

                *Analista

                manuelggranados@gmail.com

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