Del mito a la ocurrencia

Superman es incapaz de cumplir los deseos sexuales de Lois Lane. Su fuerza es tan grande que podría lastimarla.

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Luz Emilia Aguilar Z 10/07/2014 00:00
Del mito a la ocurrencia

Superman, personaje imaginado por el escritor Jerry Siegel y el dibujante Joe Shuster expresó en sus orígenes las angustias y anhelos de la comunidad judía que llegó al vecino país huyendo del holocausto.

Harry Brod, profesor de filosofía en la Universidad de Iowa, en su ensayo Superman is Jewish? ha establecido un convincente paralelismo entre el destruido planeta Kriptón, donde mueren los padres del héroe, y la tragedia del pueblo judío en la Europa azotada por el exterminio.

Desde sus orígenes hasta nuestros días, del papel impreso al radio, el cine, la televisión y los videojuegos, Superman ha servido para criticar al Ku Klux Klan, reprobar el nazismo, promover el anticomunismo, representar el triunfo sobre inundaciones, colisiones ferroviarias y ataques nucleares y convertirse en icono de la cultura estadunidense. Hoy la Armada de Estados Unidos desarrolla un programa para hacer un traje militar con las características simbólicas del hombre de acero, con el fin de refrescar la vocación nacionalista y los ánimos de sus soldados.

En México es previsible que en una encuesta más gente supiera quién es Superman que Octavio Paz, Rodolfo Usigli o Pedro Páramo. En el teatro, el héroe de identidad dual fue inspiración para la crítica e irreverente puesta en escena El evangelio según Clark, de Richard Viqueira, que llenó función tras función en el Teatro Helénico en 2008, y a la que dramaturgos y directores mexicanos emergentes recuerdan como una importante influencia. El mito se retoma ahora en el texto Los últimos días de Clark K, del dramaturgo español Alberto Ramos, en una puesta en escena bajo la dirección de Xavier Villanova.

En la versión de Ramos, Clark Kent y Superman no son la misma persona. Ambos están enamorados de Lois Lane y convergen en la necesidad de ocultar la verdad para atraerla. El periodista no puede llevarla a volar ni darle muestras de heroísmo. Superman es incapaz de cumplir los deseos sexuales de la joven. Su fuerza es tan grande que podría lastimarla.

Para los tres personajes centrales de este drama lo más importante son las relaciones de pareja. A la mujer la atraviesa la insatisfacción y a los hombres la angustia de no poder colmarla. Si en las versiones clásicas del cine, el cómic y la televisión de Superman hubo connotaciones éticas, políticas, de propaganda, en esta obra el énfasis recae en el problema de la identidad, que está definida por las necesidades y anhelos de la mujer y por lo que ella exige de los machos.

En el tratamiento dramatúrgico se expone el conflicto sin una perspectiva crítica. El personaje se aprovecha como un recurso cómico acompañado de esos ingredientes de abrumadora recurrencia en el teatro contemporáneo de romper la ficción para mostrar una supuesta realidad del actor. De un material tan rico como el mito de Superman y sus diversos usos, se esperaría una perspectiva más amplia y compleja, un abordaje más reflexivo y menos complaciente.

En la aproximación de Xavier Villanova aparecen elementos que ya son constantes en su trabajo. Él se inserta en su papel de director como un personaje. El elenco se desplaza entre los espectadores. Salta de una a otra fila por los antebrazos de las butacas.

En esta obra Xavier Villanova, un conversador apasionado, con una multiplicidad de intereses y referentes, deja pasar la oportunidad de un ejercicio reflexivo y hondo sobre el complejo icono del imperio y concentra su trabajo de dirección en explotar la ocurrencia y la comicidad, lo que complace al público. En la función a la que fui, espectadores de diversas edades llenaron dos terceras partes del teatro, se mantuvieron atentos, listos para reír y celebrar con un largo aplauso al final.

En arreglo y composición de Óscar Santana, el coro Kriptón canta en vivo y a capella cuando aparece Superman, en un juego paródico. Georgina Rábago aborda su personaje con intuición y un atractivo, fresco y convincente contraste de emociones. Ana Mariscal, Carlos Quintanilla e Israel Amescua tienen arrojo, momentos de gracia, pero el desarrollo de sus personajes deja ver que les falta formación, destreza técnica y experiencia sobre las tablas.

Los últimos días de Clark K terminará su temporada en el Helénico el 18 de agosto. Las funciones son los lunes a las 20:30 horas.

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