Experiencia y teatro

El tiempo de representación concentra lo sucedido en el transcurso de un invierno al verano, con un epílogo.

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Luz Emilia Aguilar Z 29/05/2014 04:43
Experiencia  y teatro

Un fascinante venero de conocimiento y provocaciones puede ser el tema de la pareja. A lo largo de la historia del teatro, de Edipo rey a Sueño de una noche de verano, Woyzeck, Casa de muñecas, hasta La mudanza y La capitana Gazpacho hemos tenido muestras de esa potencia. Cada uno de estos exponentes, en mayor o menor medida, nos enfrentan a la incertidumbre, la hondura, la zozobra y asombros de la condición humana.

Heimweh Estaciones va por la tradición de la dramaturgia que aborda a la pareja. Se trata de una de las primeras obras que se llevan a escena de la joven regiomontana Myriam Orva. La ganadora de la Dramaturgia Exprés 2006 aborda esta temática desde un sesgo autobiográfico, que me hizo recordar los ejercicios “A ama a B” de Héctor Mendoza, quien nos invitaba a reconocer que las relaciones entre enamorados tienen una etapa originaria de idealización, que se pone a prueba cuando se desgasta el deseo y se cuela la cotidianidad.

En Heimweh Estaciones subyace una fórmula que podría definirse como A y B la pasaron bien, creyeron que se amaban. Cada cual estaba arraigado a su origen y para ninguno de los dos la pareja, el otro, fue suficiente para cambiar su forma de vida y aceptar sacrificios. Esta obra finalista del premio Gerardo Mancebo del Castillo Trejo 2011 avanza en progresión cronológica. El tiempo de representación concentra lo sucedido en el transcurso de un invierno al verano, con un epílogo. Sabemos por los personajes, llamados Sol y Jakob, que se conocieron en Roma, vino el flechazo y muy pronto estaban viajando juntos, ligeros de equipaje y sobrecargados de sueños. Intentaron vivir en México, en España y él no se adaptó. Sol cedió a trasladarse a Austria, el lugar de origen de Jakob. La joven mexicana pasó los meses en el frío rincón del mundo lamentándose de no cumplir su anhelo de ser escritora. Cuando el maestro de alemán le cayó mal, la joven desistió del propósito de aprender el idioma. Dedicó horas a ver la televisión mientras Jakob trabajaba, convivía con sus amigos y realizaba deportes de invierno. Sol durmió, se aburrió, se embarazó, planeó compras para recibir a su bebé, al que abortó accidentalmente, reconoció que Austria no era su lugar, se lamentó de su triste destino y regresó a México.

Heimweh reduce sus potencias temáticas a un ejercicio solipsista, con tentaciones autocompasivas. La historia, luego de tristes hechos, tiene implicado un final feliz. No fue posible el amor, pero todo indica que la protagonista alcanzó sus sueños de escribir. La prueba puede ser la obra misma y la posibilidad cumplida de verla realizada sobre un escenario.

En Heimweh Estaciones, construida sobre las unidades de tiempo, espacio y acción, encontramos los recursos de moda. Está la mezcla de narración y diálogos breves, y abundancia de elipsis que nos llevan de uno a otro día con sólo un gesto. Para la puesta en escena el director Isael Almanza, nacido en 1985 y egresado de la ENAT, mantiene un formato convencional. Casi toda la trama se desarrolla dentro de un departamento. La transcripción a las tablas se reduce a ilustrar. Participan los también egresados de la ENAT Gonzalo Guzmán y Paulina Sabugal en los protagónicos, quienes realizan un abordaje desparpajado, a partir de un elemental desarrollo de los personajes y situaciones. Les hace falta mayor proyección de la energía y amplitud en el registro emotivo.

El sonido, a cargo de Xicoténcatl Reyes, tiene una función ilustrativa: ambienta una fiesta con música, indica el paso de una a otra estación con el golpe huérfano de una campana, acompaña el fatal destino de un apreciado perro y brinda los ruidos característicos del envío de un viejo fax cuando ya separados los amantes hablan por internet y ella pide el divorcio.

Heimweh Estaciones avisa una escritora capaz de asimilar recursos convencionales de la dramaturgia contemporánea. Las potencias expresivas que le han merecido reconocimiento podrán desarrollarse a territorios de creciente interés, originalidad y trascendencia en la medida en que la autora amplíe sus perspectivas y se adentre con más sed de conocimiento y audacia en las apasionantes posibilidades que ha demostrado el teatro para explorar con profundidad, relieve y riqueza los asuntos de interés colectivo.

La puesta corre temporada en el teatro La Capilla, los domingos a las 18:00 horas, hasta el 15 de junio.

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