Teatro y cambio climático

El Antropoceno es una era caracterizada por la muerte de infinidad de especies y la modificación extrema del paisaje.

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Luz Emilia Aguilar Z 01/05/2014 00:00
Teatro y cambio climático

Galileo elaboró el primer artefacto para medir la temperatura. Dos siglos más tarde Fahrenheit inventó el termómetro de mercurio. A mediados del siglo pasado se monitoreaba ya la temperatura en 80% de la superficie del planeta. En 1894 el sueco Arrhenius estableció el vínculo entre emisión de CO2 y el calentamiento de la Tierra. Treinta años después Guy Callendar afirmó que la presencia de CO2 en la atmósfera había aumentado 10%, lo que implicaba un atendible proceso de cambio climático global por acción de los seres humanos. El tema se hizo popular en periódicos y revistas alrededor de los 50. En 1958 se estableció en Hawái la primera estación para medir de forma sistemática la presencia de CO2 en la atmósfera. Pronto se pudo prever que con el tiempo podría darse, a causa del aumento de la temperatura, el hundimiento de costas y la desertificación del amplias regiones.

Con el fin de encontrar acuerdos para frenar el cambio climático la ONU organizó cumbres de la Tierra. En la práctica no se ha logrado nada significativo. El dilema es económico, político y social. Es global e individual. Cada uno de los seres humanos vivos contribuimos a nuestra extinción. Reconocerlo y cambiar hábitos, exigir acciones concretas a nuestros gobiernos podría marcar una diferencia. No hemos logrado asumir la gravedad de habernos convertido en un factor de transformaciones planetarias que ameritan llamar a nuestros tiempos el Antropoceno, una era caracterizada por la muerte de infinidad de especies, la modificación extrema del paisaje y el reto para nosotros de adaptarnos a condiciones hostiles que podrían desaparecernos. ¿Cómo dudar de que el asunto es de la mayor importancia para nuestra especie?

El teatro ha sido un espacio histórico para legalizar los grandes temas, situaciones y presencias que cuestionan la ética humana, que implican verdades incómodas. ¿Qué nos dice este arte sobre el cambio climático? Es en este año que van apareciendo obras que lo abordan. La primera que he registrado y la mejor ha sido Bestiario humano, de Diego Álvarez Robledo. La segunda es The Great Inmensity, producida por el grupo experimental The Civillians y el Public Theatre y que se estrenó la semana pasada en Manhattan.

The Great Inmensity es el nombre de un barco chino que personajes de esta obra entre cómica y satírica ven pasar por el canal de Panamá y que quizá significa en su redundancia una alusión a la inmensidad de un dilema que monumentalmente negamos y hacemos más grave. Escrita y dirigida por Steve Cosson, el experimento consiste en un thriller musical con canciones de Michael Friedman. Fue escrita con la asesoría de Princeton Enviromental Institute y el apoyo del National Science Foundation. La trama está centrada el empeño de Phyllis para encontrar a su esposo Karl, un cineasta especializado en temas ambientales que, en un viaje al canal de Panamá, es convencido por Julie, líder de los niños embajadores de las Naciones Unidas para frenar el cambio climático, de colaborar en una acción espectacular, peligrosa y secreta en un próximo encuentro internacional en París sobre el clima. Karl acepta y se embarca hacia polo norte en una escala previa al operativo. Los datos que se arrojan y la perspectiva histórica que se abre sobre el dilema es interesante, pero no perturba, no sacude, no logra expresar la complejidad del asunto. Centrar la esperanza en convencer a una serie de políticos que se reunirán en París es ingenuo, ignora cómo es que en este fenómeno contribuimos todos. El ritmo es ágil, eficiente la ejecución actoral y profesionales la organización del espacio, los videos y la iluminación. El conjunto resulta tibio y artificioso, en la tensión malograda entre fondo y forma, entre desarrollar un ejercicio argumentativo, documental y conceder al público todo lo posible para que no se aburra.

Al terminar la función se abrió un breve debate con dos eminencias en el tema del cambio climático desde las perspectivas de la conducta y la filosofía: Elke Weber, directora del Center for Research on Enviromental Decisions, NYU, y Dale Jameson, autor de Reason in Dark Ages, Why the Struggle Against Climate Change Failed, ensayo de imprescindible lectura.

Más allá de sus alcances estéticos, The Great Inmensity es un acontecimiento. Es alentador que en los marcos culturales establecidos se le empiece a dar importancia a lo que se perfila como el más trascendente de los temas actuales para la humanidad.

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