¿Quién forma al actor? ¿Para qué?

“El cuerpo envejece. El alma no necesariamente. La creación y el arte son para siempre”.

COMPARTIR 
Luz Emilia Aguilar Z 13/03/2014 00:26
¿Quién forma al actor? ¿Para qué?

¿Qué significa el teatro para México? ¿Qué significa para ustedes? Preguntó Jurij Alschitz a una audiencia integrada por alumnos y maestros de teatro, durante la presentación de su libro Entrenamiento para siempre, en el Centro Universitario de Teatro (CUT), el pasado viernes 7 de marzo. El autor, un completo hombre de la escena, se ha dedicado ante todo a la pedagogía actoral, tema al que se ha consagrado 25 años. Hijo de la actriz Raisa Stavitskaja y del escenógrafo Leon Alschitz, es originario de Ucrania. Se formó con Yuri Malkóvskii, Oleg Kudryashov, Mijaíl Butkevich y Anatoly Vasiliev, maestros muy cercanos a Stanislavski.

Alschitz ha escrito varios libros. Entrenamiento por siempre es el primer texto suyo publicado en español y resultado de un esfuerzo del CUT, la Cátedra Bergman y la dirección general de publicaciones de la UNAM, en colaboración con Conaculta y el apoyo de la Unión Europea. Fundador de la Asociación Europea de Cultura Teatral, impulsor de la Biblioteca de Entrenamiento Teatral Mundial y del Programa maestro para pedagogos teatrales, Jurij Alschitz radica en Berlín, donde encabeza el centro de investigación teatral AKT-Zent.

“La publicación de un libro es un reto. Para que un libro viva es importante que sus destinatarios hagan un trabajo de continuación —afirmó enfático Alschitz—. El título que hoy se presenta es Entrenamiento para siempre. Una vez que se empieza con este entrenamiento hay que continuarlo día con día, hasta el final de sus vidas. ¿En qué clase de teatro creen? ¿Realmente se necesita el teatro en México? ¿Qué pasaría si un día cierran el teatro aquí? ¿Habría una revolución o no sucedería nada? ¿Qué lugar dan ustedes al teatro? El cuerpo envejece. El alma no necesariamente. La creación y el arte son para siempre. La mayor aportación de Stanislavski fue demostrar que el actor es más que una cara: es conocimiento, es un saber, un cómo hacerlo. El más grande peligro para el teatro son los malos maestros, porque matan generaciones de gente de teatro. Buenos maestros pueden producir grandes generaciones. A ustedes les corresponde exigir calidad. No acepten clichés, vulgaridad en sus clases. Exijan a sus maestros que día con día aporten conocimiento nuevo.”

Entrenamiento para siempre contó con la participación de los alumnos mexicanos y de otras partes del mundo, con los que trabajó Alschitz en México, en el CUT, en un proyecto académico de maestría, a lo largo de dos años, en el que también se involucraron la ENAT, el Colegio de Literatura Dramática y Teatro, y universidades de Nuevo León, Chihuahua y Oaxaca. La traducción es de María Dmitrievna Milea. La edición fue obra de Christine Schmalor, cercana colaboradora de Alschitz.

El libro cuenta con una presentación de Mario Espinosa, uno de los entusiastas impulsores del proyecto y director del CUT, prefacio de Anatoli Vasiliev, una introducción y diez capítulos en los que se alternan reflexiones y experiencias del autor y muy variados ejercicios. A lo largo de las 279 páginas es evidente la concepción del autor del teatro como un arte de profundo arraigo ritual, que se ejerce como una alta misión, un sacerdocio, una mística en busca de conocimiento y que implica en el más extenso sentido una forma de vida.

¿Es la tradición de Stanislavski útil ahora que el teatro se aparte de las formas dramáticas canónicas, que el personaje se desdibuja, que los lenguajes de la escena cada vez más buscan intervenir la realidad, incluirla, romper las fronteras con el público? ¿Qué formación se necesita para el teatro hoy? Los ejercicios y reflexiones que ofrece este libro van más allá de un estilo de actuación. Son una herramienta para quienes reconocen que la actuación es un arte de la conciencia y el manejo de la energía personal y de grupo, de la importancia del cuerpo y la mente, de la relación con el espacio y los objetos en escena y las potencias de la imaginación. Es un tratado práctico y a la vez un ensayo sobre el sentido del teatro y del arte del actor y de quienes lo guían. Alschitz menciona de cuando en cuando a Dios, de un modo que se decanta en la concepción del arte escénico como un vínculo entre lo inmediato y lo trascendente, algo que rebasa por mucho el simple entretenimiento. Más allá del estilo, de los caminos por los que se desarrolle el trabajo sobre la escena, el teatro tiene una memoria. Este libro es una aportación a esa memoria y sobre todo una reflexión, un cuestionamiento a la ética del actor y de los maestros en esta disciplina.

Comparte esta entrada

Comentarios