La risa: arma para enfrentar el infierno

Beckett reconoció que Joyce se había encaminado a concentrar y demostrar su saber y controlar su escritura.

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Luz Emilia Aguilar Z 23/01/2014 00:00
La risa: arma para enfrentar el infierno

“Si sólo hubiera oscuridad, habría esperanza de ver claro. Pero como también hay luz, nuestra situación se vuelve inexplicable”, dijo Samuel Beckett, quien transformó la manera de escribir prosa y hacer teatro en el siglo XX. Entre sus citas favoritas, cuenta James Knowlson, su biógrafo y amigo, está la de Schopenhauer: “De dónde obtuvo Dante el material para su Infierno, sino de este mundo en que vivimos”.

La infancia de Beckett transcurrió apacible en el barrio dublinés de Foxrock, en el seno de una familia protestante y la paradoja triste de haber nacido “sin talento para la felicidad”. Fue testigo de la Guerra Civil Irlandesa y de la Primera Guerra Mundial, que estallaron cuando él era un niño, sin que afectaran el curso práctico de su existencia. Al darse la invasión alemana de Francia, Beckett ya radicaba en París y se enroló en la Resistencia, para la que resumía y traducía al inglés información estratégica, la que era microfilmada y enviada a Inglaterra. En la célula en la que Beckett operaba, encabezada por Jeannine Picabia, hija del pintor Francis-Marie Martínez Picabia, se infiltró un sacerdote, quien al llegar los nazis les ofreció sus servicios a cambio de dinero. Por obra de este jerarca de la Iglesia romana, llamado Robert Alesch, varios amigos de Beckett fueron asesinados.

Luego de la desgarradora experiencia del hambre, la angustia, la indignación, la solidaridad y las traiciones en el infierno de la guerra, Beckett empezó a escribir en francés. Reconoció que Joyce, a quien tanto admiraba, se había encaminado a concentrar y demostrar su saber y controlar su escritura. La ruta de Beckett sería en adelante la opuesta: se dedicaría a sustraer, quitar información y asumir la ignorancia y la impotencia humana como punto de partida. De nuevo en cita de Knowlson, “cuando la capacidad de absorber o representar el mundo exterior se disuelve, lo que queda es un proceso de inmersión, de mirada hacia dentro. El estilo maduro de Beckett no nos bombardea con erudición, llega como una voz desde la oscuridad, una consciencia provisional, que fuerza su propia perplejidad y se vuelve difusora de la angustia”.

Con las duras experiencias de la guerra aún frescas, a las que habría que añadir su trabajo en un hospital de la Cruz Roja en St-Lô, en 1946, donde vio a los desposeídos de toda certidumbre o esperanza, de salud y sustento, fue que Beckett escribió Primer amor, un texto en la antípoda del romanticismo, en un campo humano minado, donde no son posibles la cercanía, el placer, el afecto y emerge una emotividad lábil, fría, distante. En la obra brilla sobre todo la capacidad de una risa sutil y punzante para mirar el fondo del dolor.

El protagonista de esta obra tiene mucho de la humanidad destrozada que poblaba albergues, calles, barrios, hospitales, rincones devastados en Europa de la posguerra y de la que hoy podemos ver muestras en devastadas regiones de nuestro país ocupadas por el crimen y la impunidad.

Primer amor de Beckett se ha vuelto un material muy atractivo para la escena, aunque no haya sido escrito para ello. Joe Broderick, ex sacerdote, activista de la teología de la liberación, escritor, catedrático y hombre de teatro de origen irlandés, una personalidad fascinante, nacido en Australia y desde 1969 radicado en Colombia, decidió cumplidos los 75 años de edad ser actor. Escogió Primer amor para ello, bajo la dirección de Manuel Orijuela. Han presentado este monólogo de Beckett en Colombia, España y otras partes del mundo. Ver el trabajo de Broderick como el protagonista de esta obra es un acontecimiento, por la persona misma de Broderick, como por su singular aproximación al desolado personaje de Beckett. Broderick, autor de Camilo, el cura guerrillero, es traductor y gran conocedor de las obras de Shakespeare, Joyce y Beckett.

En Primer amor construye un personaje que fluye con naturalidad. Sabe potenciar la comicidad en el texto. Su presencia me resultó entrañable, llena de vitalidad, de luz, en un escenario al extremo de lo frugal. Primer amor, que hace de la risa un recurso para tolerar el horror, ha llegado a México acompañada de un taller sobre Beckett, impartido por el propio Joe Broderick, que ha corrido toda la semana en curso. Primer amor, concebida como un teatro íntimo, dará la última función en México el próximo domingo en la Casa del Tiempo, en el marco de las celebraciones del 40 Aniversario de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

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