Teatro, salud y política

Es ardua todavía la batalla para que los portadores del VIH y los enfermos de SIDA sean tratados con justicia.

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Luz Emilia Aguilar Z 16/01/2014 00:00
Teatro, salud  y política

En 1981 se registró en Estados Unidos un trastorno que mataba a homosexuales con infecciones respiratorias y estomacales agudas y cierto cáncer. En 1983 los casos escalaron a mil 500. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) se calcula que en el presente existen entre 33 y 39 millones de seres humanos que padecen este mal. Sólo una tercera parte recibe tratamiento. Una de cada diez personas portadoras del VIH desconoce que lo es. En África subsahariana vive 69% de la población VIH-positiva, entre la que destaca el alto índice de mujeres y niños.

Detrás de la pandemia surgida hace tres décadas están presentes homofobia, agudas injusticias, geopolítica, negocios farmacéuticos, rivalidades entre científicos y debates en torno de teorías conspiratorias. Es ardua todavía la batalla para que los portadores del VIH y los enfermos de SIDA sean tratados con justicia y reciban atención pertinente.

¿Nació el VIH como arma biológica? Los que sostienen que el mal fue desarrollado en un laboratorio aportan, entre otras pruebas, la petición en 1969 de Donald McArthur, quien fuera director adjunto de investigación y tecnología del departamento de defensa de Estados Unidos, de diez millones de dólares al Congreso de su país para desarrollar en una década una arma capaz de destruir el sistema inmunológico humano. También se interponen hipótesis relacionadas con Henry Kissinger y argumentos sobre el interés de grupos de ultraderecha por exterminar a homosexuales y negros. Hoy el virus que produce inmunodeficiencia humana no resulta mortal, si se le trata con los fármacos adecuados. Se ha dado un trío de casos en los que, luego de trasplantes de médula y quimioterapia, la alteración se hace indetectable, al menos por un tiempo. No se han logrado resultados suficientes para suponer que la cura está cerca.

En 1985, Un corazón normal, obra de teatro autobiográfica escrita por el guionista de cine, novelista y activista político Larry Kramer, fue estrenada en el Public Theatre de Manhattan, con producción del fallecido Joseph Papp, este último una gran, gran figura de la escena y ser humano. Un corazón normal logró resumir un complejo enjambre de personajes y conflictos sobre las debilidades de la comunidad homosexual y rasgos de la cultura judía en Nueva York (que funcionan, además, como resorte cómico); la ineficiencia y los prejuicios de las autoridades locales, en específico el alcalde Edward Hoch; la manipulación de los medios masivos, señaladamente The New York Times; la ceguera de las comunidades científicas y la indiferencia general hacia una pandemia que pudo haberse detenido y que ha costado, en cifras oficiales, 36 millones de vidas. La obra, que cuenta la historia de la primera organización en defensa de los enfermos de SIDA, tiene una adaptación televisiva, está en proceso de posproducción en un filme con Julia Roberts y registró un exitoso retorno en 2011, en Broadway, NY.

Un corazón normal se acerca al final de su temporada de estreno en México en el Teatro Helénico, con taquilla agotada en la mayoría de las funciones. A la puesta en escena de la capital le sobran, a mi juicio, una escenografía con proyecciones ilustrativas y la continua entrada y salida de mobiliario que entorpece las transiciones. Destacan Pilar Boliver, como la doctora Emma Brookner, y Hernán Mendoza, como Ned Weeks, quienes avanzada la función consiguen credibilidad y brillo. Horacio Villalobos, eficiente conductor de televisión, se muestra mucho más persuasivo representándose a sí mismo que construyendo al personaje de Tommy Boatwright. Pedro Mira, como Ben Weeks, tiene un desempeño predecible y frío.

Con dirección de Ricardo Ramírez Carnero la puesta en escena mexicana de Un corazón normal constituye un fenómeno sociológico. El entusiasmo de espectadores conmovidos, algunos hasta las lágrimas, demuestra que el teatro es tanto más gozoso y pertinente cuando aborda temáticas que importan a la audiencia. El SIDA, la homofobia, la perversidad de las autoridades y el reconocimiento de que atrás de la salud está la política son asuntos a los que se ha mostrado sensible la población capitalina.

Un corazón normal, donde tiene más peso el tema que la forma, sin que pueda negarse que se trata de contar una historia y ésta se cuenta con eficacia, podrá verse unas cuantas semanas más en el Helénico, donde se da un extraordinario convivio en el encuentro con un público diverso, que agradece la experiencia de pie y con prolongados e intensos aplausos.

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