Puritanismo a la mexicana

El ser una figura pública conlleva responsabilidades y sacrificios que si no se entienden, pueden terminar en el ridículo de la figura pública.

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Luis F. Lozano Olivares 23/08/2014 01:19
Puritanismo a la mexicana

Desde hace mucho tiempo la influencia de nuestros vecinos ha sido contundente en nuestro comportamiento. En muchas ocasiones adoptamos temas sin ni siquiera entender el origen del mismo, particularmente la corrección política. Ahora en México, muchísima gente se refiere a una persona de raza negra como afroamericano sin importar de dónde sea, como si fuera una moda. Si así se dice allí, debe de ser correcto. Antes de adoptarse, no se considera cómo llegaron los estadunidenses a esas soluciones simplistas y prácticas de generar palabras políticamente correctas, como si la palabra fuera mala en sí misma y no tuviera nada que ver con la intención de quien la dice. No me diga usted, que no se puede hacer un insulto racista usando la palabra afroamericano.

Algunas de estas adopciones sociales no tienen mayor relevancia como el caso de las palabras. Sin embargo, en mi opinión la gravedad se incrementa con la adopción de conceptos. Eso es muy distinto.

El líder de la bancada panista en la Cámara de Diputados tuvo que renunciar por la exposición pública de un video donde aparece con otros diputados en una fiesta con mujeres. ¿Por qué? No lo sé. Es parte del nuevo puritanismo adoptado y copiado de los estadunidenses, donde la “moral pública” juzga a una persona por su comportamiento privado al punto de hacerlo renunciar. Vamos analizando el asunto; si la fiesta hubiera sido pagada con recursos públicos, desde luego habría una responsabilidad por el uso indebido de esos recursos; sin embargo, a la fecha, nadie ha probado que así haya sido y ni siquiera es la discusión principal en la opinión pública.

Es obvio que no se demuestra muchísima inteligencia al tener un puesto público importante y no tener cautela en lo que se hace en privado. El ser una figura pública conlleva responsabilidades y sacrificios que si no se entienden, pueden terminar en el ridículo de la figura pública como le pasó al diputado Villarreal. Pero como fondo de la discusión, ¿está prohibido ser diputado e ir a una fiesta? ¿Está prohibido que un diputado beba alcohol y baile con mujeres que no sea la suya? Me parece muy peligroso asignarle un costo político tan caro a una situación como esta.

Me preocupa que un escándalo tan pequeño pese más en la opinión pública que el escándalo de “extorsión” o presión a la que están sujetos los presidentes municipales por los diputados para la asignación del presupuesto. Ese si es un asunto de fondo donde pueden haber todo tipo de trampas y conflictos de interés en el mejor de los casos. El diputado Villarreal fue acusado directamente por algunos alcaldes y eso no pesó lo suficiente en la sociedad ni en su partido para tomar la decisión que provocó una fiestecita. Creo que debemos replantearnos lo que es importante y lo que no.

No es un asunto privativo de México, quien siga los artículos de Arturo Pérez Reverte se dará cuenta de que las sociedades democráticas adoptan simplismos con mucha facilidad. Esta semana un teniente del Ejército español que escribió una novela sobre la corrupción en el Ejército se queja de haber sido arrestado y envía una carta al rey Felipe donde le dice: “Sé que seré perseguido a nivel profesional y desprestigiado… pero no puedo renunciar a mi sueño de unas Fuerzas Armadas libres, democráticas y modernas”. Unas Fuerzas Armadas no pueden ser libres ni democráticas por más bonito que suene el asunto en el mundo de hoy. Por ahí vi un oficio de la Marina de México contra el bullying; ¡por Dios! Unas Fuerzas Armadas preocupadas por el bullying. ¿Qué nos falta?

                *Abogado y opinante

                llomadrid@gmail.com

                Twitter: @LlozanoO

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