La oposición

En México, después de que el PRI arrasara en las elecciones de 2012, hemos tenido una oposición débil.

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Luis F. Lozano Olivares 05/04/2014 01:00
La oposición

La oposición cumple un papel fundamental en las democracias porque balancea el poder del Estado y pone en la agenda aquellas cuestiones que el gobierno no atiende o no atiende bien. Tener una oposición constructiva y responsable es algo sumamente complicado incluso para países civilizados. Se requiere de altura de miras para identificar como interés superior el interés de la nación, por encima de grupos y personas. El problema es que la oposición está formada por grupos de personas, por lo que su interés se impone sobre el interés de la nación.

No hay país que escape de esta trampa de la democracia, pero sin duda salen mejor librados los que mejores personas tienen dentro de los grupos que se desempeñan en la política, sea gobierno o sea oposición. Probablemente, el mejor ejemplo sea el Reino Unido. Hoy en día, hasta Estados Unidos tiene que lidiar con el hecho de tener una oposición dolida e irresponsable que no permite la construcción de acuerdos sino todo lo contrario. España tuvo una generación brillante de políticos hasta que Mariano Rajoy, hoy Presidente del gobierno, perdió las elecciones de 2004 y se dedicó a poner trampas al gobierno de Zapatero contribuyendo al desastre que heredó después.

En México, después de que el PRI arrasara en las elecciones de 2012, hemos tenido una oposición débil. Primero empezaré por la izquierda, donde los pensadores fueron desplazados por grupos disidentes del priismo setentero, que tienen una visión corta y trasnochada de lo que debería ser un país, lejísimos de una izquierda moderna (esta izquierda es la que actúa como la derecha con algunas preocupaciones sociales, dicen algunos), por lo que se han dedicado a dos cosas: (i) a decir que no a todo, abusando incluso del lenguaje que debe usarse en las tribunas y (ii) a separarse, lo que condena a la debilidad eterna.

Hasta el 2000, la oposición más seria del país fue la derecha. Tal vez porque tuvo mejores personas en general (ya sé, es sacrilegio escribirlo), con mayor formación académica y con una visión más realista de la vida. No es lo mismo desempeñarse en el sector privado como empresario, empleado y profesional y buscar la mejoría del país participando como voluntario en un partido, que viviendo eternamente del presupuesto público sin tener contacto con la realidad. Fue una oposición estoica en sus tiempos y una oposición responsable en otros, pero débil y desmembrada ahora.

Cuando el PAN dejó el gobierno en 2012 inició un proceso natural de cambio interno, pero con muchas diferencias comparado con aquel PAN de 2000. En 12 años, ya tiene demasiada gente acostumbrada a vivir del presupuesto público y ahora esos grupos hacen lo que pueden para sobrevivir y controlar el partido. Antes un candidato perdía y se iba a su despacho de abogados, ahora eso no pasa.

Al PAN le falta la integridad que tuvo durante décadas. No entiendo cómo el señor Madero, presidente de un partido que gobernaba y que pasa a ser la tercera fuerza política del país, no renunció el 1 de julio de 2012 por la noche. Encima de todo se presenta a elecciones internas para seguir en la presidencia. Tampoco entiendo cómo hay panistas que ya experimentaron una derrota electoral del tamaño de la de 2012, estén dispuestos a elegir al señor Madero como el presidente que los lleve a las elecciones intermedias de 2015. ¿Síndrome de Estocolmo? ¿Quién es más cómodo para el partido que gobierna en términos de competencia electoral?

“Ningún gobierno puede mantenerse sólido mucho tiempo sin una oposición temible”. Benjamín Disraeli.

                *Abogado y opinante

                llomadrid@gmail.com

                Twitter: @LlozanoO

 

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