Sin oficio

En México tenemos una de las clases políticas más versátiles del mundo donde funcionarios pueden pasar de expertos en comunicación satelital a promotores del campo a la velocidad de un oficio.

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Luis F. Lozano Olivares 22/03/2014 02:32
Sin oficio

Se dice de alguien con oficio que desempeña bien su propio hacer. Que es meticuloso, dedicado, responsable y tiene un objetivo final que debe cumplirse. Se dice que una persona es profesional, cuando desempeña su actividad con relevante capacidad y aplicación.

Cuando los mexicanos viajamos a países decentes es una de las primeras cosas que nos saltan. Que el agente de migración o el policía en Europa dedique tiempo a analizar documentos o papeles, que tenga preguntas, pero que al final te deje pasar es, en la mayoría de las ocasiones, por ser meticuloso, dedicado, responsable, pero sin perder de vista el objetivo. En el caso de nuestras burocracias se es meticuloso, pero se pierde el objetivo de la función, de ahí la sonrisa del burócrata de turno al descubrir que falta una copia en el paquete de documentos para cualquier trámite. Ya te fregué, es el mensaje.

Pero no sólo el oficio y la profesionalización se notan en el contacto personal con el extranjero. Es más, creo que donde más se nota la calidad en el oficio y el nivel de profesionalización de algún país es en el contacto con sus servicios e infraestructura. Salir de un aeropuerto bien diseñado y planeado, tomar un taxi sin miedo a un secuestro y circular por vías rápidas bien pensadas con salidas y entradas que no interrumpen el flujo de la calle de origen o la de destino dice mucho de los funcionarios que participaron en su diseño, ejecución y operación del proyecto.

Todos los países del mundo tienen políticos, eso es inevitable; pero ciertos puestos dentro de los gobiernos deben ser detentados por profesionales y por gente experta técnicamente. El urbanismo es un ejemplo de ello. Ciudades como Londres, Tokio o Madrid tienen una planeación de largo plazo hecha por gente técnica que sabe lo que hace y por qué lo hizo. Dichos planes no sufren cambios por caprichos políticos, primero porque el costo políticos de que algo salga mal es altísimo y segundo porque hay candados técnicos que no se pueden abrir o romper. Punto.

En México, llevamos décadas en que esas funciones técnicas se utilizan para acomodar compadres. Es así como tenemos una de las clases políticas más versátiles del mundo donde funcionarios pueden pasar de expertos en comunicación satelital a promotores del campo a la velocidad de un oficio (me refiero al documento utilizado para su nombramiento).

El potencial de la Ciudad de México la ha hecho de primera víctima de este mexicanísimo fenómeno. Los ejemplos podrían escribirse en varios tomos, pero vamos a tomar un par. El segundo piso del Periférico es un ejemplo glorioso de nuestra incapacidad técnica. ¿Estaba planeado antes?, no ¿Se hizo completo?, no ¿Es todo gratuito?, no ¿Tiene tramos intermedios de cuota que interrumpen la rapidez de la vía rápida (nótese la redundancia)?, sí ¿Tiene salidas y entradas que interrumpen la circulación de la vía de origen y la vía de entrada?, sí ¿Es parte de un sistema de autopistas urbanas diseñado por completo antes de ejecutarse?, no. Aun así, esta obra sirvió para que su caprichoso autor fuera candidato a la Presidencia de la República, ¡dos veces!

Ahora tenemos la Línea 12 del Metro. Estimado lector, ¿puede haber algo más exacto que un cálculo matemático de ingeniería hecho por expertos? Si existía un diseño técnico y éste no se respetó ¿quién es el responsable? y, habiendo tantas partes involucradas, ¿por qué no se denunció? Con esas preguntas respondidas, llegamos al fondo del asunto. Del costo político no se preocupe, aquí se perdona (y reelige) lo que nos manden.

                *Abogado y opinante

                llomadrid@gmail.com

                Twitter: @LlozanoO

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