Un pasado imborrable

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Lucero Solórzano 20/06/2014 00:00
Un pasado imborrable

Con un estreno mundial en el pasado Festival de Toronto y presentada en la más reciente edición del de San Sebastián, llega con un retraso considerable a nuestras pantallas la película Un pasado imborrable (The railway man, Australia-Reino Unido-Suiza, 2013). Está dirigida por el australiano Jonathan Teplitzky en el que es su cuarto largometraje.

El título en español vendría a ser El hombre de las vías y de hecho es la adaptación de la autobiografía de ese título, escrita por el veterano de la Segunda Guerra Mundial, Eric Lomax, quien a los 22 años formó parte del ejército británico apostado en Tailandia. Ante la invasión japonesa de esos territorios en 1942, los soldados ingleses pasaron a ser prisioneros de guerra del Imperio Japonés.

El libro de Lomax se publicó en 1995 y en él cuenta su amarga experiencia bajo la brutalidad de algunos oficiales japoneses que usaron a los prisioneros, no sólo ingleses, sino tailandeses, chinos y de otras nacionalidades, como mano de obra para levantar la famosa línea ferroviaria que uniera Tailandia y Birmania, ruta estratégica durante el conflicto bélico. Los soldados trabajaron en condiciones infrahumanas, enfermos y debilitados por el hambre y el maltrato en áreas peligrosas a altísimas temperaturas, lloviendo durante semanas, rodeados de selvas y pantanos, infestados de toda clase de insectos y alimañas. Se calcula que la construcción de las vías costó miles de vidas.

Si el tema le suena conocido es porque en 1957 David Lean llevó a la pantalla grande la aguerrida historia de la construcción de una célebre estructura en esa misma región: El puente sobre el Río Kwai. Con algunas imprecisiones, el realizador británico contó el suceso en una cinta que hoy es un clásico.

Un pasado imborrable se inicia en los ochenta cuando Eric Lomax, que desde niño tuvo una gran afición por todo lo que tuviera que ver con los ferrocarriles, es un hombre solitario y taciturno, que vive en la campiña inglesa y está cercano a los sesenta años. Es precisamente abordando un tren que conoce a Patti, una mujer divorciada de la que se enamora. Lomax está interpretado por Colin Firth, lo mejor de la película, y que bien hubiera merecido una nominación al Oscar, de no haber sido porque la dirección de Teplitzky es más bien errática y resta contundencia a la historia. Patti es una muy “hojalateada” Nicole Kidman, que aporta poco a la historia y a su personaje, a pesar de la influencia que la esposa de Lomax tuvo en las decisiones de éste en la vida real.

Lo que parece será una historia de amor, da un giro cuando Eric empieza a mostrar signos de ciertos trastornos derivados del trauma no resuelto de su experiencia durante la guerra en ese campo de prisioneros, y la tortura de que fue objeto a manos de sus captores. El daño físico y sicológico lo persigue y empieza a afectar su matrimonio.

De esa forma Un pasado imborrable pasa a convertirse en un filme sobre la Segunda Guerra Mundial, que se desarrolla en torno al presente y al pasado del atormentado Lomax que no ha podido superar la terrible experiencia. El giro atractivo de la trama viene cuando un amigo y antiguo compañero de Lomax en el campo de prisioneros, interpretado por un muy desaprovechado Stellan Skarsgard, le hace ver a Patti que el oficial japonés que los torturó está vivo.

Si se quiere, la premisa puede resultar ya muy vista, pero Jonathan Teplitzky no supo explotar la riqueza narrativa del punto de quiebre que representa el que el protagonista sepa que su torturador vive. Además, a pesar de los esfuerzos de Colin Firth para dotar de realismo a su personaje, es difícil para el espectador establecer una conexión emocional con los hechos, pues el director nos lleva a distanciarnos del verdadero dolor del protagonista, cuando opta por obviar algunas secuencias en torno a la violencia y la tortura, que tendrían que haber sido mucho más vívidas en la pantalla.

Pudiendo ser una película que nos estruje las entrañas, Un pasado imborrable pasa a ser un filme histórico sobre la Segunda Guerra Mundial, que resulta entretenido si no es usted demasiado exigente.

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