Benéfica

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Lucero Solórzano 04/06/2014 00:10
Benéfica

Me permito este juego de palabras en relación a la película Maléfica (Maleficent, Estados Unidos, 2014) que, con la muy bien planeada respuesta en taquilla, se convierte en otro blockbuster hollywoodense de esta temporada casi veraniega.

En esta ocasión los estudios Disney ponen toda la carne al asador para la realización de una spin off  (en acción viva aunque muy digitalizada), derivada de La bella durmiente que, a su vez, es un relato que se transmitió en la tradición oral desde el siglo XVI, hasta ser retomado sobre todo por Charles Perrault, a quien se le atribuye en ocasiones.

La bella durmiente (Sleeping beauty, Estados Unidos, 1959), forma parte de la larga lista de historias sobre princesas que Walt Disney inició con Blancanieves (Snow White and the seven dwarfs, Estados Unidos, 1937). Basándose en cuentos clásicos, más bien oscuros y poco apropiados para niños pequeños, Disney se tomó una buena cantidad de licencias que incluyen el despertar de Blancanieves y la princesa Aurora por un supuesto beso de amor, una sirena que nunca se convierte en espuma, y los finales felices y muy comerciales que caracterizan las producciones de esos estudios.

Pues se ve que lo mismo pensaron los realizadores de Maléfica, que optaron por tomar a la mejor villana de las películas de Disney y la convirtieron en un “pan de Dios”. ¿Para qué ponerse a explorar el pasado de un personaje redondo y carismático en su versión animada, y ponerlo en el diván para explicar el origen de su maldad? ¿Qué importan los motivos de Maléfica mientras sea la “mala de la película”? ¿Qué es un cuento de hadas sin malos?

Tengo varias respuestas a esa pregunta, entre ellas destacan dos:  no hay ideas novedosas ni capacidad para construir nuevos personajes, y la protagonista, la actriz Angelina Jolie que además es productora ejecutiva e intervino en el guión, tiene un espléndido escaparate para el lucimiento de su indudable belleza. Maléfica es su propio homenaje y, como ella misma ha afirmado “quería hacer una película que pudieran ver mis hijos”. Ahí está todo.

Los villanos son personajes muy recordados por los espectadores. En una gran mayoría de los casos el público los tiene más presentes que a los propios héroes de una historia. Un ejemplo son Hannibal Lecter de El silencio de los inocentes, Lord Voldemor de Harry Potter, Darth Vader de Star Wars, Jack Torrance en El resplandor, El Guasón en Batman, hasta Madam Mim de La espada en la piedra, o El capitán Garfio de Peter Pan son villanos memorables. Ojalá a ningún escritor desesperado se le ocurra ponerse a analizar sus traumas en aras de nulificar su maldad. Su función en una historia es ser antagónicos, contrapartes, los malos, y punto.

Pero los estudios Disney vuelven a las directrices que implantara su jefe y fundador, y toman a la temible Maléfica, que en los dibujos animados de 1959 resultaba aterradora, y deciden convertirla en ‘Benéfica’, o ‘Buenéfica’ si es usted admirador de la belleza de la señora Jolie. La historia se inicia en un páramo poblado de criaturas fantasiosas en el que Maléfica es una adolescente feliz que vela por todos. Se hace amiga de un jovencito humano que la hace abrigar la ilusión del amor. Pero la miseria humana golpea a Maléfica que se convierte en una bruja poderosa, amargada y con sed de venganza.

No le cuento más para no arruinar su experiencia. Sólo me queda comentar que es evidente que el interés era hacer de Maléfica un gran rol para Angelina Jolie —incluida la participación de su pequeña hija—, y que eso motivó el descuido en los otros personajes: las tres hadas, el rey Stefan, y la propia Aurora, y qué decir del pobre príncipe que está insertado de manera muy forzada. Todos desfilan en tonos de gris.

Yo me quedo con la Maléfica de los dibujos animados, con esa apariencia casi diabólica, su evolución a un dragón con hambre de muerte, destrucción y poder, y los buenos sustos que causó en la época en que los cuentos de hadas tenían malos bien malos, y no regenerados.

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