Buscando a Sugarman

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Lucero Solórzano 19/05/2014 00:00
Buscando a Sugarman

Hace poco más de un año escribí en este mismo espacio mi comentario a un documental que se estrenaba en ese momento: Buscando a Sugarman: más que Elvis. Searching for Sugarman fue ganador del Oscar en 2013.

En estos días las notas de espectáculos se vieron salpicadas por una noticia que a la mayoría le dice poco o nada, en torno a la muerte del cineasta sueco Malik Bendjelloul, que a los 36 años decidió quitarse la vida y cuyo cuerpo fue encontrado en su departamento de Estocolmo.

El realizador fue el autor de un único documental, al menos así lo registra The Internet Movie Data Base: www.imdb.com: Buscando a Sugarman (Searching for Sugarman, Suecia-Reino Unido, 2012). En este trabajo cuenta la historia de una persona a la que, curiosamente, Bendjelloul devolvió a la vida: Sixto Rodríguez, cantautor estadunidense de origen mexicano y nacido en Detroit, que se presentó en los sesenta y parte de los setenta en pequeños antros de zonas marginales de esa ciudad y grabó dos discos.

Rodríguez, como fue mejor conocido, no logró trascender en el ambiente musical y la cultura popular de Estados Unidos. A pesar de su gran calidad, que llevó a los productores de sus discos a compararlo con Bob Dylan, sus grabaciones no se vendieron y el cantautor se resignó a quedar en el olvido. Acabó ausentándose de los escenarios, y se convirtió en una leyenda cuando corrieron rumores en torno a que se había dado un tiro frente al público en una presentación, o de que se prendió fuego en pleno escenario.

Las personas son conocidas por sus hechos y obras, y el espléndido documental de Malik Bendjelloul, habla en efecto de un músico y su insólito despegue a partir de este trabajo cinematográfico, pero también habla del propio realizador. Emprendiendo una verdadera investigación, casi policiaca, Bendjelloul se lanza a buscar a Sixto Rodríguez sin más recurso que su cámara y un escaso presupuesto que en ocasiones lo llevó a filmar con un teléfono celular.

Rodríguez fracasó en Estados Unidos, pero paralelamente, y sin él saberlo, se convirtió en una figura muy popular entre el público en Sudáfrica que, durante los años del apartheid, emprendió airadas protestas rebelándose ante la opresión y la discriminación racial. Ese público se identificó con las letras de las canciones de Rodríguez, cuya música llegó a esa región del mundo de una manera muy particular y paradójicamente accidental, y no le cuento para que usted la descubra.

Las canciones de protesta de este cantautor se convirtieron en himno y bandera de un movimiento que pugnaba por un cambio y exigía a gritos la libertad. Mientras tanto Sixto Rodríguez, continuaba una vida gris en Detroit, sin tener ni la menor idea del fenómeno en que se había convertido a miles de kilómetros de distancia en donde era más famoso que el mismísimo Elvis Presley.

El compositor ha declarado que estará en deuda toda su vida con Mikal Bendjelloul; tiene toda la razón. Buscando a Sugarman se viste con su música y letra, pero sobre todo es un canto a la vida, es la develación amorosa de un misterio, es un relato que muestra que la vida es toda una rueda de la fortuna, que siempre hay una esperanza.

El relato nos atrapa desde los primeros minutos y Bendjelloul fue particularmente hábil para ir desenredando la madeja, introduciendo de manera muy lograda los constantes giros que fue dando su investigación. Como espectadores quedamos cautivados por esta historia que tiene todo: sentido del humor, suspenso, drama, y muy buena música.

No tengo idea de lo que haya estado pasando en la vida y la mente de Mikal Bendjelloul para que decidiera irse de este mundo. Podría pensarse que había llegado a la cima cuando, con un solo documental, se había ganado uno de los premios más codiciados en la industria cinematográfica, el Oscar, además de muchos otros. Es una pena, pues sin duda era un hombre con un talento especial.

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