La bicicleta verde

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Lucero Solórzano 28/04/2014 02:56
La bicicleta verde

Hoy nos ocuparemos de una película que forma parte del llamado Circuito de Arte. Sigo pensando que es desafortunada la clasificación por estar asociado lo artístico y cultural con lo aburrido o intelectual. Hoy le propongo que si tiene usted hijos o nietos que ronden los ocho a diez años o más los lleve a ver una muestra de buen cine, diferente, realista, humano, con la poco común magia de lo sencillo.

Se trata de la cinta árabe La bicicleta verde (Wadjda, Arabia Saudita-Alemania, 2012).  Es una buena oportunidad para que los niños, expuestos a la maquinaria de las superproducciones animadas y de acción de la industria hollywoodense, vean un cine diferente, del otro lado del mundo, que además les dará una leve idea de lo que viven las niñas y mujeres en general dentro de las estrictas limitaciones de los países musulmanes.

Está escrita y dirigida por Haifaa al-Mansour, la primera cineasta árabe que debuta con esta cinta y de cuyo rodaje podría hacerse otra película, ya que la directora tuvo que enfrentar varios obstáculos pues no está bien visto que una mujer haga cine, ni tampoco que se le vea públicamente acompañada por hombres. La filmación se hizo en ocasiones a escondidas. La bicicleta verde es una pequeña gran película, que a  además de marcar un parteaguas en un país en el que por fin una mujer pudo dirigir una producción cinematográfica. La cinta ha ganado más de 30 nominaciones y premios en el mundo.

Son precisamente esas limitaciones a la hora de filmar lo que debe haber favorecido el estilo de al-Mansour que optó por una puesta en escena muy sencilla, fresca, espontánea; con secuencias muy clásicas,  planos convencionales, sin complicaciones. La cámara atrapa constantemente el rostro de Wadjda interpretada por la actriz infantil Waad Mohammed, alrededor de la cual gira la trama.

Lo que para nosotros puede parecer un deseo normal y viable como el tener una bicicleta, para Wadjda, la protagonista de esta historia, no sólo es inalcanzable económicamente , sino muy mal visto por la sociedad y la religión. Una niña pone en riesgo su virtud y dignidad si se monta en una bicicleta, es un atrevimiento que puede ser castigado.

Wadjda vive con sus padres en un suburbio de Riad. Tiene diez años, es vital, decidida, inteligente; con un sarcasmo encantador. En la escuela se ha ganado fama de rebelde, tiene siempre una respuesta astuta ante los reclamos de las conservadoras maestras. Todos los días, en su camino al colegio, pasa por una tienda en la que se vende una bicicleta verde que ella enamora con la ilusión de poder comprarla un día. Quiere retar en una carrera a su amigo Abdullah, que la acompaña diariamente en su recorrido muy montado en su bicicleta. Para reunir el dinero Wadjda se vale de su talento para tejer pulseras que vende a sus compañeras por unos cuantos centavos, ya que su madre se ha negado rotundamente a comprar la bicicleta, escandalizada porque su hija la pone en evidencia.  Por su parte la mamá tiene sus propios conflictos, pues el padre de Wadjda ha empezado a buscar otra esposa en vista de que ella no ha podido darle más hijos.

Wadjda es un espíritu libre. Acata de mala gana el atuendo impuesto a las mujeres en esa culturas. A pesar de las severas restricciones a las que se ve sometida por su condición femenina se las ingenia para ser feliz, cuestiona todo y está cansada del “no”: no puede andar en bicicleta, no pueden verla los hombres, no puede estar descubierta, pero ahora Wadjda no está dispuesta a ceder en su propósito de tener algún día esa bicicleta verde.

Con astucia hace creer a las maestras que se ha “regenerado”, y se inscribe en un concurso en el que la alumna que recite el Corán a la perfección ganará una buena suma de dinero, lo necesario para comprar la bicicleta.

Muy recomendable.

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