Antes te gustaba la lluvia

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Lucero Solórzano 11/04/2014 00:00
Antes te gustaba la lluvia

En el escenario del Foro Shakespeare, recinto en la colonia Condesa que se preocupa por ofrecer propuestas diferentes y dar al público alternativas alejadas de lo tradicional o demasiado comercial, se representa, de viernes a domingo, y por sólo tres fines de semana más,  la obra Antes te gustaba la lluvia.

Desde el original programa de mano que nos reta con la fotografía de un niño con el rostro velado y montado en un caballo (sólo corregiría el color de la tinta en algunas de sus páginas), hasta la sobria escenografía compuesta por un impersonal muro blanco, cinco sillas, y sutiles juegos en la iluminación, se establece el marco para que dos espléndidos actores nos cuenten una historia de amor y dolor, entre hombre y mujer, entre padres e hijos.

Se trata de un muy bien construido texto, obra de la dramaturga Lot Vekemans, y que fue reconocido como la mejor obra de teatro holandesa estrenada en ese país en 2009. Gira en torno de esas cosas que nos pasan a todos: el amor, la culpa, los resentimientos, el abandono, la ausencia, la ira, lo no dicho, los malentendidos; pero más allá de eso, flota de principio a fin el dolor, un infinito y desgarrador dolor, junto con la incapacidad para manejar el duelo para que no acabe apoderándose de nuestras vidas.

Los diálogos son espontáneos, frescos, naturales, sin rebuscamientos, como habla la gente común y corriente. Esto, aunado a la espléndida dirección de Hugo Arrevillaga, que sacudió la escena teatral en México con su dirección de la tetralogía de Wadji Mouawad, hace de Antes te gustaba la lluvia una obra con la que todos podemos identificarnos.

Se inicia con una pareja: “ella”, Arcelia Ramírez, y “él”, Juan Manuel Bernal, que van creciendo en el escenario de manera intensa y conmovedora. Esta pareja, o expareja, que tiene más de diez años separados, se ha reunido en el cementerio donde descansan los restos de su hijo atropellado años atrás. Cada uno ha sobrevivido a la pena de la mejor manera o, al menos, lo que ellos consideran la mejor manera. Fueron convocados por las autoridades del lugar porque algunas tumbas tendrán que ser removidas a causa de la contaminación del subsuelo por residuos tóxicos.  Sólo dos actores generosos, entregados, desprendidos, de los que dejan el físico y el alma en una interpretación como Arcelia y Juan Manuel, podrían sacar adelante una obra tan difícil, y hacerla parecer fácil.

Desde lo burdo de este hecho, Vekemans empieza a repartir golpes bajos al espectador: ¿No les parece espeluznante que los restos de un niño tengan que ser exhumados y removidos a otra parte?; pero muchas cosas se irán revelando más adelante.

“Él” se ve nervioso, ha llorado; “ella” llega un poco tarde, dueña de sí misma, después confirmaremos que haciendo un enorme esfuerzo. No se han visto en años,  se percibe que todavía hay algo que los hace vibrar, pero el dolor es mucho más poderoso que el pulso de vida en ese momento.

Poco a poco, en la nerviosa y tensa conversación entre este hombre y esta mujer, se va de- senvolviendo la historia de su pasado, cómo se conocieron, se enamoraron, cómo fueron felices varios años gozando del amor que se tenían y de la felicidad que les brindaba la presencia de su hijo: “Lo perdimos a él, luego a nosotros mismos y luego el uno al otro”.

Vekemans explora a fondo el proceso del duelo, y las grandes diferencias que caracterizan la forma de enfrentarlo desde el lado femenino y el masculino. El dolor nos hace egoístas, sentimos que nadie, nadie, sufre tan intensamente como nosotros.

Antes te gustaba la lluvia conmueve profundamente, no cae en el melodrama, pero sin duda arranca algunas lágrimas.

No se la pierda.

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