(Des)Ilusión Nacional

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Lucero Solórzano 04/04/2014 00:00
(Des)Ilusión Nacional

Apesar de haber nacido en el seno de una familia con aguerrida pasión por el futbol, he de admitir que nunca he sido particularmente aficionada, ni mucho menos conocedora. Cuando hay eventos internacionales como el Mundial, el ambiente festivo y de entusiasmo, esa “ilusión” porque la Selección Mexicana logre algo más cada cuatro años, se me contagia, y entonces sí me instalo a ver futbol.

Lo anterior  no me priva del derecho de hablar del tema, ya que estoy siendo muy clara al enfatizar que no lo hago desde la trinchera de una aficionada de hueso colorado ni mucho menos de una conocedora, pero sí como alguien que en cada Copa del Mundo se pregunta por qué la gente sigue tendiendo fe, y la Selección sigue traicionándola.

Hoy se estrena en casi 500 pantallas nacionales el documental Ilusión Nacional, escrito, dirigido y narrado por Olallo Rubio, cuya carrera se inició en 2007 con el documental ¿Y tú cuánto cuestas?, en el que analiza los hábitos consumistas de ambos lados de la frontera, nuestra relación con las marcas, el dinero, las presiones del mercado que nos han “cosificado”.

En 2011 escribió y dirigió una ficción surrealista, sin pies ni cabeza, que se tituló This is not a movie (Esta no es una película). Volvió venturosamente al documental con Gimme the power en 2012, en el que hace un seguimiento del grupo Molotov, analizándolo como fenómeno cultural en el marco de la economía, la política, la sociedad.

En Ilusión Nacional, Rubio se mete de lleno en la temática del momento: el futbol. Empieza analizando su importancia a nivel mundial. Es el único deporte que  mueve multitudes a escala mundial, desata pasiones, influye en la estabilidad social de un país, afecta intereses políticos y económicos, genera millones y millones de dólares… bueno, provoca hasta suicidios.

En su segundo acto nos pasea por prácticamente todas las participaciones de la Selección Mexicana en la historia de los Mundiales, y revisa sus triunfos y derrotas a través del tiempo. El material es impecable, una buena parte de los videos son inéditos, desde los filmados en los veinte hasta los actuales. Con su larga experiencia en la locución, el realizador hace una efectiva lectura del texto escrito por él mismo con cierto manejo, muy oportuno, del sarcasmo y el sentido del humor.  No aporta cosas nuevas con respecto al ya añejo problema de la imposibilidad de los futbolistas mexicanos profesionales para remontar un destino que parece más bien una condena. 

Habla de la contaminación que generan los contubernios entre autoridades deportivas y televisoras, de la creciente tendencia a explotar la imagen de un jugador de éxito en todo tipo de campañas y productos, de los gobernantes que toman el futbol nacional como rehén con intereses políticos, de la corrupción como flagelo ancestral que ha permeado en todas las áreas de nuestra cultura. También dice algo cierto: en muchos países intervienen las televisoras y los medios, los futbolistas estrella hacen campañas de publicidad, los políticos lo usan como herramienta, hay corrupción, pero, aun así, sus selecciones nacionales responden a las expectativas de los millones de aficionados, cosa que no pasa en México.

Si soy mujer poco importa. El hecho es que Ilusión Nacional es un buen trabajo que despierta el interés de cualquier espectador, la edición es impecable, al igual que su banda sonora.  Llega a sentirse reiterativo, pero es que la historia de nuestro futbol es un sube y baja de repeticiones.

Quizá le falta insistir en que la situación de ese deporte en México no es más que uno de los reflejos de todo el panorama cultural, político, histórico, social, económico y hasta religioso que conforma a nuestro país. Somos el resultado del encuentro forzado y sangriento de dos pueblos y los 300 años de una Colonia que se desarrolló entre la transa, la discriminación, la complicidad de gobiernos e Iglesia, el nunca bien acabado mestizaje, la polarización de las clases sociales, los ricos más ricos, los pobres más pobres, la sombra del gigante del Norte que favorece inseguridades y complejos, nuestra incapacidad para creer…

Yo pregunto: Así, ¿cómo?

Ilusión Nacional es un trabajo que expone una realidad, su objetivo no es aportar respuestas. Hay que verlo.

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