El país del Mitote

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Lucero Solórzano 02/04/2014 00:00
El país del Mitote

“La palabra mitote (del náhuatl mitotiqui ‘danzante’, de itotia ‘bailar’) es un término de la cultura popular mexicana utilizado para designar un problema, tumulto o vocerío. También se usa para hacer referencia a una fiesta. Originalmente se refería a una reunión de brujos, una danza de guerra, o un baile ritual de los nativos aztecas llamado epocacacuillitepictoton”.

Con todo este discurso, Wikipedia define uno de los fenómenos típicos de la cultura popular mexicana. Y si usted quiere comprenderlo mucho más a fondo con imágenes y sonidos, mejor vea el documental Mitote, del realizador mexicano Eugenio Polgovsky.

Aunque había producido cortos y documentales, Eugenio tuvo un destacado debut como director con Trópico de cáncer, de 2004, en el que se acerca a las vidas de diversos personajes en la huasteca potosina que viven de la cacería de diversas especies animales, algunas en peligro de extinción, y que posteriormente venden a los viajeros en las carreteras de la región.

Los herederos, de 2008, sigue siendo su mejor trabajo. En él explora de manera profunda y sensible las vidas de varios niños en diferentes estados de la República que han visto a sus padres partir en busca de un futuro mejor, y que han tenido que quedarse a trabajar e incluso a convertirse a veces en cabezas de familia. Son campesinos, jornaleros, pastores. Tienen que acarrear agua en largas distancias, trabajar de sol a sol, cortar leña, mantener a madres y hermanos, y muchas veces andan entre los seis y diez años de edad.

Siguiendo en la línea de las realidades de nuestro país, ahora Eugenio Polgovsky cambia el tono y se interna con su cámara en el Centro Histórico de la Ciudad de México, en el Zócalo capitalino, en un momento coyuntural: es 2010, el plantón del Sindicato Mexicano de Electricistas, el Mundial de futbol en Sudáfrica, protestas políticas y sociales, descontentos, fiesta, chamanes, bailarines, merolicos, etcétera.

¿Qué significado tiene para los habitantes de la Ciudad de México la también llamada Plaza de la Constitución? Un punto de reunión con una carga y energías muy intensas, de irresistible magnetismo. En su tercer largo documental Mitote, Polgovsky prescinde de la voz de un narrador y el relato corre a cuenta de los propios personajes que pueblan la plancha del Zócalo en esos días de 2010, de una inquietante efervescencia política y social. Es un desfile de contrastes, de gritos, enojos, porras, música, danzantes, discursos. Expresiones de todo tipo: deportivas, banderas nacionales, uniformes de la Selección Nacional, sombrerudos, niños, adultos.

Siempre se dice que los mexicanos somos “bien mitoteros”. Eugenio Polgovsky lo representa con precisión, y el documental da voz a representantes muy emblemáticos de lo que es esa necesidad casi visceral por tomar los espacios que son nuestros, sobre todo nuestro Zócalo. Por ahí desfilan en un abanico de imágenes verdaderamente surrealistas, un curandero-chamán, que hace “limpias” a quien lo solicita y defiende la expresión; los miembros del Sindicato Mexicano de Electricistas en una cruzada por captar la atención de las autoridades, ante la inminente extinción de la compañía de Luz y Fuerza del Centro; la enorme pantalla, representante del “pan y circo” que Televisa y el Gobierno de la Ciudad de México instalaron en la plaza, para que la gente pudiera ver los partidos de la Selección Nacional en Sudáfrica y, de paso, distraer a los rijosos electricistas; los aficionados con sus camisetas verdes, los enormes sombreros, las caras pintadas. Todos conviven con grupos de turistas que circulan entre este ambiente ecléctico e, insisto, surrealista.

Mitote se mueve entre la fiesta y el duelo, la modernidad y lo prehispánico, la euforia de un gol y la certeza de un mundo perdido, el caos, el colorido, la música, los vendedores. Son casi 55 minutos que no dan tregua, en un espléndido retrato de nuestro temperamento y tradiciones culturales, y la peculiar forma que nos caracteriza en eso de “armar mitote”.

No se lo pierda.

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