Joven, ¿de qué se trata esa película?

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Lucero Solórzano 12/03/2014 00:00
Joven, ¿de qué se trata esa película?

Hace muchos años íbamos al cine con una película en mente. Ya sabíamos qué queríamos ver. Las salas eran monumentales y exhibían un solo título que a veces se eternizaba por meses. Pero a la llegada de los modernos conjuntos multiplex, que constan de varias salas en el mismo complejo, los hábitos del espectador se transforman radicalmente.

Se puede traer en mente una película que nos interese en particular pero si al llegar no hay boletos, es raro que desistamos de ir al cine, y entramos entonces a otra sala. Por ello con frecuencia la selección es por eliminación. Antes, y hablando en general, se iba al cine para ver una película determinada, hoy se va al cine, por ir al cine.

Los propietarios de las salas de hoy no han encontrado una manera eficiente de dar una breve semblanza de qué consiste una película, de la cual el público puede no tener ni la más mínima idea. Hay a quien eso no le importa y de todas maneras se queda a ver la película; otros, si no tienen disponible lo que buscaban, simplemente no se quedan, pero son los menos, sobre todo si se trata de adolescentes que representan el segmento más grande de consumidores de boletos de cine.

Hemos hablado en este espacio de las pocas opciones que hay para el público sobre los 65 o 70 años de edad, en lo que a materia cinematográfica se refiere. Muchos forman parte de ese público que con frecuencia se queda a ver lo que había. Están jubilados o retirados y no tenían otra cosa qué hacer, habían destinado unas horas a ver una buena película. Desgraciadamente salían defraudados.

En mi experiencia personal coincido frecuentemente con personas de más de 70 años que van al cine porque les han recomendado una película, o que están buscando algo bueno que ver. Muchas veces ese título ya no está en exhibición y es cuando apelan al “buen criterio” del joven (o la joven) que atiende en la taquilla. Tras revisar una carpeta con un enlistado de títulos que no les dicen nada —y completamente desorientadas porque generalmente se trata de un grupo de mujeres— decidirán si se quedan o se van. El chavo describe más o menos lo que ha leído o escuchado de la película. Si las señoras optan por entrar será bajo el criterio cinematográfico del taquillero. No se imagina usted cuántas veces he visto salirse de la sala a grupos de mujeres, y si no pregúntele a su abuelita cuando se quedó con las amigas a ver Rápidos y Furiosos 5.

Esto me lleva a un tema que ya hemos tratado en este espacio: la nula atención al público de la llamada “tercera edad”, en lo que a oferta cinematográfica se refiere. Ni se hacen suficientes películas para ellos ni se toman en cuenta sus necesidades. Suelen ser personas con un nivel cultural alto, que no se escandalizan con escenas “fuertes” o muy explícitas, que tienen tiempo de ir al cine. Gente inteligente, crítica.

Es muy fácil comprender su realidad. Se ponen de acuerdo con amigos o amigas, hermanas, cuñadas. Se van al cine a la función de las 11 o 12 de la mañana para llegar a sus casas a comer. Cuando llegan a la sala no hay rastros de la película que buscaban. Se acercan al joven que vende los boletos, que “algo ha de saber”, y repasan con él una carpeta con títulos, sinopsis, fichas técnicas. ¿Usted cree que esté buena para nosotras Springbreakers?, ¿qué le parece El sobreviviente?

El mercado sigue dominado por los consumidores jóvenes. Esos que ven lo que haya y que se rellenan de golosinas, nachos, refrescos. Pero el público inquisitivo, con un criterio, que está buscando algo inteligente, que amerite regalar tres horas de su tiempo, ese público que consume pocas palomitas, sigue muy descuidado.

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