In George Clooney we trust

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Lucero Solórzano 14/02/2014 00:07
In George Clooney we trust

Con  frecuencia el cine estadunidense nos recuerda al resto de los mortales que ese país “ha salvado a la Humanidad” en numerosas ocasiones.  Son incontables las películas en las que los héroes que someten a extraterrestres, plagas, guerras bacteriológicas,  terroristas, zombies, vampiros,  etcétera; están interpretados por las máximas estrellas de su cinematografía: Tom Cruise, Bruce Willis, Charlton Heston, Will Smith, Schwarzennegger, Stalone, etcétera. ¡Dios!, ¿qué haríamos sin ellos?.

Esto no significa que trivialice la historia en que está basada la película que se estrena hoy, Operación Monumento (Monument’s Men, Estados Unidos, 2013). De ninguna manera, pero es innegable que su director e intérprete George Clooney eligió para contar el relato un estilo que entra en la mejor tradición de aquellas películas basadas en eventos reales, en las que los personajes son soldados aparentemente comunes y corrientes que se transforman en superhéroes.

El guión,  coescrito entre Clooney y Grant Heslov, el también actor que colaboró con él en Los idus de marzo y Buenas noches, buena suerte, se inspira en el libro homónimo de Bret Witter y Robert M. Edsel, quien ha dedicado su vida a divulgar el trabajo de los hombres de la sección de monumentos en el Ejército estadunidense de la Segunda Guerra Mundial.

Hacia el último año de esta conflagración, los alemanes estaban camino a la derrota y previamente habían arrasado con museos y colecciones de arte públicas y privadas de toda Europa. Por órdenes del presidente Franklin D. Roosevelt fueron reclutados un grupo de historiadores, investigadores y curadores de arte, que fueron enviados a Alemania, Francia y Bélgica para que rastrearan y recuperaran la mayor cantidad de piezas posible.  Estos hombres en sus 40 y 50 arriesgaron sus vidas y, de hecho, algunos cayeron en la misión. Continuaron en su labor ya en la posguerra y se les reconoce el haber rescatado miles y miles de obras de arte invaluables e insustituibles. Miguel Ángel, Leonardo da Vinci, Vermeer, Picasso, son sólo algunos de los nombres cuyas obras fueron salvadas de la destrucción o la desaparición por ese pelotón.

Clooney es el líder del grupo y se rodea de un cuadro de actores de primer nivel: Matt Damon, Bill Murray, Jean Dujardin, John Goodman y Cate Blanchett. Como en el remake de Ocean’s eleven y subsecuentes, su desempeño entre un reparto de luminarias recuerda mucho la figura del propio Frank Sinatra en la primera versión de 1960 de las aventuras de Danny Ocean y, sobre todo, a ese actor en El expreso de Von Ryan, historia ubicada en la Segunda Guerra Mundial, en torno a un oficial estadunidenses que se inmola para salvar a unos soldados ingleses prisioneros de los alemanes.

George Clooney hace una película en todo el estilo de Doce del patíbulo, Los trenes rigurosamente vigilados, El puente sobre el Río Kwai, Fuimos soldados, El Día DPearl Harbor, Armageddon, Operación Walkiria y Salvando al soldado Ryan. El tono es un poco chocante y anticuado. Los soldados se conducen muy en el estilo de los protagonistas de la serie de televisión Combate.

Operación monumento está poblada de lugares comunes: los alemanes son el Diablo mismo y qué decir de los rusos —por cierto a quién se le ocurrió estrenar esta película en el Festival de Berlín—; el Holocausto, que ni viene al caso se vuelve a explotar de manera “sentimentaloide”, los soldados estadunidenses son nobles, abnegados, buena onda (no dudo de que lo hayan sido, pero las obviedades del guión les restan simpatía, es difícil conectarse con ellos). Parece que de un momento a otro se va a aparecer Errol Flynn, Ronald Reagan, Lee Marvin, Charles Bronson.

La eternamente presente banda sonora de Alexander Desplat usa los clásicos instrumentos de las bandas de guerra estadunidenses: tubas, trompetas, tambores, demasiado evidente de nuevo.

Sin duda la historia original de Operación monumento es apasionante, encomiable, digna de divulgarse, pero de un gran argumento el señor Clooney construyó un documento propagandístico, poco creativo y sin una personalidad propia.

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