Saul Zaentz

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Lucero Solórzano 08/01/2014 00:00
Saul Zaentz

Existen muchas definiciones del trabajo de un productor de cine. Más allá de lo que se abunda en el tema en las escuelas de la especialidad, en diferentes publicaciones y medios se hacen descripciones detalladas o superficiales de en qué consiste este complejo y determinante aspecto de un proyecto cinematográfico.

El diccionario de la Real Academia Española de la Lengua lo define en su tercera acepción como: persona que con responsabilidad financiera y comercial organiza la realización de una obra cinematográfica, discográfica, televisiva, etcétera, y aporta el capital necesario. Suena fácil y es enormemente difícil.

Considerando que el cine es un trabajo que se realiza en equipo, resulta hasta injusto dar por hecho que una película es de tal o cual persona, como ha sucedido durante años. Si usted es de los que se quedan en la butaca hasta que aparece el último nombre en los créditos finales, se ha encontrado con una larga lista de colaboradores detrás de un título. Desde el reparto en el que se reconoce a los protagonistas, los actores secundarios, los incidentales, extras, animales y entrenadores de éstos.  Los técnicos en sus diferentes áreas, como iluminadores, carpinteros, electricistas, cocineros, choferes, pintores, escenógrafos, maquillistas, vestuaristas;  los supervisores de efectos visuales y de sonido —que actualmente son muchísimos—; los compositores y miembros de las orquestas; los stunts o dobles para escenas de peligro;  los laboratorios, las locaciones, los agradecimientos a gobiernos, hospitales, hoteles, tiendas, consultores históricos, dependencias turísticas y culturales, aseguradoras, contrataciones, negociaciones con empresas y gobiernos,  hospitales, hoteles, y muy probablemente me estoy quedando corta.

Podemos decir que el productor es la persona que, junto con el director, —y en algunos casos, muy aparte del trabajo de éste—, hace 60% de los trámites, acuerdos, arreglos, investigación, selección de personal, captación de financiamiento, solicitud de permisos, firmas con aseguradoras, contrataciones, negociaciones con empresas, gobiernos, agentes y representantes, proyecciones económicas, estudios de mercado; se espera además que favorezca la comunicación en el equipo, el ambiente de cordialidad y respeto durante el rodaje, la conciliación entre los egos de directores, escritores y actores (y el suyo propio), debe hacer que las fechas y plazos se cumplan según lo pactado, que el presupuesto no se dispare. El productor es quien se entiende con la prensa, quien niega o concede entrevistas, visitas a los estudios y locaciones,  y quien autoriza la publicación de material en fotografías, videos y grabaciones; también se encarga de la publicidad. El productor es quien debe hacer de la película una realidad, si es el caso debe llevarla a festivales, debe convertirla en un jugoso negocio y, además, promoverla entre academias, sindicatos y asociaciones en las temporadas de premios.

También es el nombre que la mayoría de los espectadores no recuerdan y no les interesa.

En el fin de semana falleció uno de los productores hollywoodenses más célebres y exitosos que, con sólo nueve películas en su filmografía, se posicionó como un importante estratega en la producción cinematográfica. Su nombre, Saul Zaentz.  Podrá no decirle nada, pero ya verá con los títulos de algunas de sus películas: Atrapado sin salida, de Milos Forman, de 1975, cinco Oscares; Amadeus, de Forman, también de 1984, ocho Oscares; La Costa Mosquito, de Peter Weir ,de 1986, dos Globos de Oro; La insoportable levedad del ser, de Philip Kaufman, de 1988; El paciente inglés, de Anthony Minghella, de 1996, nueve premios Oscar, y su última película como productor, Los fantasmas de Goya, de Milos Forman, de 2006.

Zaentz se inició como un jugador de cartas profesional, pasando después al mundo de la producción musical, particularmente jazz. Era un maestro de las Relaciones Públicas y al ingresar al mundo de las películas se propuso hacer cine. Con astucia logró conservar su independencia y mantenerse al margen de los caprichosos estudios y productores hollywoodenses.

Nos dejó grandes películas, premiadas, reconocidas por el público y la crítica, y que además produjeron cientos de millones de dólares.

Sin duda, como productor, Saul Zaentz cumplió.

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