De tal padre, tal hijo

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Lucero Solórzano 03/01/2014 00:00
De tal padre, tal hijo

El estreno más destacado de este fin de semana es sin duda la película japonesa De tal padre, tal hijo (Soshite chichi ni naru, Japón, 2013), escrita y dirigida por Hirokazu Koreeda, un realizador que se ha especializado en historias sobre relaciones familiares, íntimas, emotivas.

En esta ocasión el eje del relato es una familia integrada por los dos jóvenes padres, Ryota y Midori,  y un pequeño de seis años, Keita.  Koreeda se esfuerza en enfatizar el mundo de amor y armonía en que su vida se desarrolla. Ryota, interpretado por el popular actor y músico Masaharu Fukuyama que supo apoderarse de su personaje haciéndolo profundamente humano, es un exitoso arquitecto,  ambicioso, no poco arrogante y que da gran relevancia al dinero en su vida; a pesar del trabajo está entregado con devoción a su pequeño hijo con el cual tiene una estrecha y amorosa relación. Midori es una esposa y madre apacible y cariñosa . Keita es un niño simpático, inteligente, educado; recibe el estimulo de sus padres que se preocupan por darle una formación elevada con clases de piano, lo que es un buen pretexto para la espléndida selección musical en la que entre otras piezas suenan parte de la obra Variaciones Goldberg de Bach, que contribuye a reforzar ese ambiente de refinamiento en que se ha criado Keita.

El mundo perfecto de esta familia se sacude en los primeros minutos de la película, cuando reciben una llamada del hospital donde nació Keita comunicándoles que por el error “involuntario” de una enfermera, su niño fue cambiado al nacer y han vivido esos seis años con el hijo de otra pareja que a su vez tiene a su hijo biológico.

Koreeda nos sumerge entonces en todos los sentimientos que la noticia provoca en la pareja. Sin saberlo han sido los padres ejemplares de un niño que no lleva su sangre. Se desencadenan así muy válidos cuestionamientos en torno a la paternidad, a qué tanto se puede amar un hijo que no es nuestro, identificarse y vernos a nosotros mismos en él.

El planteamiento nos mueve además a la pregunta ¿qué haría yo si me  enterara de algo así? No se trata de un asiento en un avión, de un sweater o hasta una mascota. Se trata de un hijo, de dos, incluyendo la disyuntiva en que también se encuentra la otra pareja que en De tal padre, tal hijo es de otro origen social y cultural con lo que se hace mucho más interesante y compleja la posibilidad de llegar a un “arreglo”. En la familia hay dos niños más con los que el hijo biológico de Ryota y Midori ha convivido viéndolos como sus hermanos, su educación es totalmente diferente, a riesgo de sonar chocante podríamos decir que es más burda y sin los detalles del mundo de Keita, pero es una familia que se ama y el niño es completamente feliz.

Viniendo además de un director oriental como Koreeda, quien ha mostrado sensibilidad artística para recrear historias sobre el amor, la muerte, la familia, etc,  las reacciones de ambas parejas y su manera de buscar un punto de encuentro llama la atención por lo civilizado y comprometido de las dos partes en el bienestar de los pequeños. El objetivo es dañarlos lo menos posible, pero ¿cómo desprenderlos de un ambiente y reintegrarlos a otro grupo?, ¿deben seguir criando al niño que no es suyo y renuncian a su hijo biológico?, ¿cómo tomar la decisión más importante de sus vidas?

Muy recomendable.

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