Walter Mitty: entretenimiento puro

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Lucero Solórzano 01/01/2014 00:00
Walter Mitty: entretenimiento puro

En 1924 la sociedad entre Louis B. Mayer, Richard A. Rowland y Samuel Goldwyn dio como resultado la fundación de uno de los estudios más poderosos de la época dorada de Hollywood: Metro-Goldwyn-Mayer, que después de estar detrás de cientos de clásicos enmarcados por el característico rugido del león con el que se iniciaban todas sus producciones, entró en bancarrota en 2010.

Entre los actores favoritos del temperamental magnate Samuel Goldwyn, se encontraba Danny Kaye. Era un exitoso comediante adorado por el público norteamericano de los 40, 50 y parte de los 60. Kaye bailaba, cantaba, gesticulaba y era muy ágil tanto física como mentalmente. Sus películas se caracterizaron por ser “blancas”, familiares, a veces  musicales, comedias románticas y hasta cuentos para niños. Con frecuencia, gustaba de aparecer como despistado, distraído, lento, ingenuo.

Esas características lo hicieron el actor ideal en 1947 para la producción de Samuel Goldwyn del cuento del escritor y humorista gráfico estadunidense James ThurberThe Secret Life of Walter Mitty-La vida secreta de Walter Mitty, publicado en 1939 en la revista The New Yorker. Con algunas modificaciones en la adaptación, en ella se contaba la historia de un hombre gris, sin personalidad, que sueña despierto todo el día, dominado por su madre y menospreciado por sus compañeros de trabajo. Mitty, en un convincente trabajo de Danny Kaye, tiene una intensa vida interior y verdaderamente se desprende de la realidad para entregarse a sus fantasías en las que él es el héroe de aventuras al estilo cine y televisión actuales; de ahí la expresión muy conocida en Estados Unidos del “síndrome de Walter Mitty”,  para referirse a aquellos que están “en la Luna”. Su vida cambia radicalmente cuando conoce a una bellísima rubia misteriosa: Virginia Mayo.

Hoy, en 2013, Samuel Goldwyn Jr., el hijo de aquel todopoderoso productor, lleva a la pantalla una nueva adaptación, que no un “refrito”, de La vida secreta de Walter Mitty, dirigida y protagonizada por Ben Stiller, un equivalente desabrido del inocentón Danny Kaye para el público del siglo XXI.

Con un buen guión de Steve Conrad, la historia vuelve a girar en torno a Walter, interpretado por Stiller. Es un solitario cuarentón lleno de inseguridades que vive en Manhattan, se ha desempeñado como empleado fiel de la revista Life,  para la que ha supervisado el procesamiento de miles de negativos de sus famosas fotos durante 16 años. Pero la modernidad ha atrapado a Life que deja de publicarse impresa para quedar sólo en edición online, lo que implica el despido de cientos de empleados. En su adaptación del cuento de Thurber, Conrad desarrolla una atractiva vertiente en la que hace un homenaje a Life como “la” revista emblemática del periodismo estadunidense, dentro del que marcó toda una era.

El fotógrafo más importante de la revista, un excéntrico artista muy respetado en el medio, envía un negativo con la intención de que sea la última portada de Life. El negativo se pierde y la vida de Walter cambia: de ser el espectador de su vida decide convertirse en el protagonista.

Cabe destacar el trabajo en los efectos visuales y la fotografía, muy logrados en efecto, pero que caen en el exceso y convierten a la historia en el vehículo que hace lucir los impecables efectos y no al revés. La música, muy buena, pero presente en exceso, también es otro distractor.

El guión establece claramente dos actos y el contenido de esta fábula se desdibuja en su primera parte, precisamente por tantos efectos, y, además, a Ben Stiller, delante y detrás de la cámara, la chamba le queda muy grande. A pesar de la emotividad no se alcanza la plena conexión con el espectador. Kristen Wiig, una buena actriz de comedia que aparece como el interés amoroso de Mitt, pudo ser más aprovechada.

Moviéndose entre la comedia, la acción, la fantasía, el drama, y hasta lo aspiracional, Walter Mitty funciona y entretiene porque es cine de fórmula, pero no hay definición en su mensaje ni es claro lo que le deja al público.

Aprovecho para desearles un gran año 2014 y refrendar nuestra cita en este espacio los lunes, miércoles y viernes.

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