En la casa: el otro cine

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Lucero Solórzano 11/12/2013 00:42
En la casa: el otro cine

Este viernes se  estrena El Hobbit, la desolación de Smaug. Eso no es noticia. Lo que hay que destacar en la cartelera cinematográfica, que se verá  doblegada por esa aplanadora, es la llegada de la película francesa En la casa (Dans la maison, Francia 2012). Ganadora de la Concha de Oro en el Festival de Cine de San Sebastián, de otros premios y reconocimientos y con varias nominaciones en su haber, formó parte de la edición número 17 del Tour de Cine Francés en el pasado mes de septiembre cuando le dedicamos este espacio. En la casa nos brinda la oportunidad de ver otro cine.

Dirigida y escrita por François Ozon, de quien hablábamos aquí hace dos semanas por la presentación de su más reciente película Joven y bella (Jeune ~ Jolie, Francia, 2013), en la Muestra Internacional de la Cineteca Nacional, En la casa es otra gran muestra de su talento como contador de historias con el marcado sello personal de su sentido del  humor, el suspenso, la creatividad y un agudo análisis de las relaciones humanas, paseando entre el erotismo, las obsesiones y los rincones oscuros de sus personajes. Con un talento poco común para reinventarse es autor de películas como 8 mujeres, Sous le sable, Mi refugio, o Potiche, titulada en México Mujeres al poder. Ozon ha madurado para ser hoy un cineasta muy sólido con gran capacidad para sorprender a su público.

En la casa es una adaptación de la obra El chico de la última fila, del español Juan Mayorga, con el cual Ozon escribe el argumento que ganó también el Premio al Mejor Guión en San Sebastián.

                El relato presenta a un aburrido maestro de literatura en secundaria que ha puesto a sus alumnos a entregar un ensayo sobre lo que hicieron el fin de semana. El espléndido actor Fabrice Luchini que hace bien lo que le pidan, da vida a Germaine que lleva una vida monótona y más bien aburrida con su esposa Catherine, casi tan aburrida como él y que dirige una galería de arte que se encuentra en riesgo de cerrar. Está muy bien interpretada por la británica Kristin Scott Thomas, una actriz de talento excepcional con un amplio registro que le permite moverse bien en el drama y la comedia.

Germaine acostumbra leer las bobaliconas tareas de los alumnos a su esposa, pero un día la monotonía se rompe al encontrar en el escrito de uno de los estudiantes toda una intriga inteligente y en apariencia demasiado madura para esa edad. Cuando Germaine descubre el insólito talento de Claude (Ernst Umhauer), su vocación magisterial se ve reactivada y decide empezar a orientarlo, pero sobre todo provocarlo para que siga redactando las inquietantes historias que lo mantienen en vilo junto a Catherine. Claude es el típico joven que se sienta al final de la clase, que desde su puesto domina la vista del maestro y el resto de sus compañeros a los que mira con arrogante displicencia.

Partiendo de una premisa sencilla, las visitas a la casa de un amigo para ayudarlo en su examen de matemáticas, Claude arma una historia que al principio parece inofensiva, hasta naif. Pero conforme avanzan las entregas que finalizan con un “continuará”, su relato se convierte en un thriller con tintes de erotismo, misterio, celos, envidia, en el que va describiendo a la familia de su compañero con sarcasmo y mirada crítica. Muestra además una habilidad particular para mantener el suspenso, envolviendo a Germaine y Catherine en los enredos de su relato.

François Ozon nos presenta una película fascinante, con un guión de enorme riqueza que se mueve entre la luz y la oscuridad de un duelo de inteligencias. La ambigüedad es una constante de sus narraciones. Al igual que a Germaine y Catherine convierte a los espectadores en morbosos voyeuristas. Desliza el pulso de una aparente inquietud sexual que podría estar tendiendo lazos entre el alumno y el maestro, el cual espera con impaciencia las entregas de su perspicaz pupilo.

“Esto no es lo que parece”, es lo que dice entre líneas Ozon, y de qué manera tan ingeniosa y sorpresiva nos va poniendo trampas.

                Créame, no se la puede perder.

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